La MANE: pasado, presente y futuro (III)


III. RETOS Y PERSPECTIVAS EN LA CONQUISTA DE UNA NUEVA EDUCACIÓN

Ha comenzado el segundo semestre y hay un ambiente de incertidumbre sobre lo que pueda suceder en el país. Estamos ante un escenario de gran movilización social y popular, las negociaciones entre las FARC-EP y el Gobierno continúan, así como se avizoran posibilidades de diálogo con el ELN, y comienza a proyectarse el escenario electoral en el 2014.

Todos estos elementos marcan profundamente la coyuntura y delinean el momento político. Son variados los ejercicios de Paro que se vienen adelantando, todos ellos agenciados por sectores populares y sustentados en reivindicaciones y exigencias muy puntuales de cada sector y otras con un mayor alcance político.

Es en este período que la MANE tendrá que demostrar si continúa siendo un actor político de relevancia en el país y si definitivamente se lanza al ruedo en la conquista de una nueva educación. El escenario es más que propicio y de una u otra forma ya se ha difundido en la opinión pública el que este semestre los estudiantes volverán a las calles, a la movilización, para reclamar un cambio que han venido construyendo.

A continuación desarrollaré algunos elementos que creo son indispensables tener en cuenta e imprescindibles desarrollar por parte de la MANE, parte de estos puntos han sido abordados en algunos momentos pero sin darle un gran desarrollo, además que aún no hay consensos frente ciertos elementos de carácter táctico y estratégico al interior del proceso:

a)  Tomar la iniciativa en la movilización social: Ha sido recurrente en la historia colombiana el hecho de que el movimiento estudiantil ha supeditado su autonomía en la acción movilizadora de acuerdo a las acciones que toman directivas universitarias, ministerio de educación y gobierno nacional. Uno de los principales retos de la MANE y del movimiento estudiantil en su conjunto es asumir la iniciativa política en la movilización social, levantando las banderas que han recogido al grueso de la comunidad educativa y que son elementos estructurales, tales como gratuidad, calidad, bienestar, autonomía, etc. La movilización debe estar cargada de creatividad y sorpresa, y debe permitir llegar a nuevos sectores así como reavivar el ambiente de lucha en las instituciones de educación superior.

b)  Reposicionar la MANE ante el estudiantado y avanzar en la articulación popular: Es evidente que luego de 2 años de haberse tumbado el proyecto de reforma gubernamental y habiéndose dedicado este último tiempo a desarrollar escenarios de debate en la construcción de la propuesta de educación superior, la MANE no es actualmente el referente que fue en 2011, es por ello que se requieren estrategias que permitan reposicionar este proceso como el escenario que puede articular la lucha del estudiantado por una nueva educación, recobrando credibilidad en las calles y con propuesta.

La movilización debe anticiparse a un escenario de disputa de una nueva educación, debe generar un ambiente propicio para confrontar al gobierno nacional, y en esa medida es vital que el movimiento no entienda la lucha por una nueva educación como algo ajeno a las demás reivindicaciones y aspiraciones del movimiento social y popular colombiano, por el contrario debe ver en esta explosión de luchas un contexto que fortalezca y potencie la construcción de un movimiento por la educación para construir un país en soberanía, democracia y paz. La articulación con los demás sectores y la proyección de acciones conjuntas mediante la participación en espacios como la Coordinación de Movimientos y Organizaciones Sociales y Políticas de Colombia debe ser una apuesta en el corto y mediano plazo.

c)  Legitimar y poner en discusión en la opinión pública la propuesta de ley alternativa: Con el grueso de la propuesta de nueva educación superior construida, se debe pasar a un momento de socialización de la misma, tanto al interior de las instituciones educativas, entre trabajadores, profesores y estudiantes, pero se debe traspasar los muros de las mismas y visibilizar la propuesta ante la población colombiana. Ganar opinión pública favorable es fundamental para lograr apoyo y con ello mayor presión sobre el Gobierno Nacional y el Congreso de la República. Esto requiere de movilización, principalmente de ideas, por lo cual se deben diseñar estrategias comunicativas efectivas, sea durante las mismas marchas, tomas culturales, o mediante escritos, videos, cuñas radiales, etc. Hay que llegar con la propuesta a todos los medios que sea posible, tanto alternativos como oficialistas.

Frente a esto es muy importante tener en cuenta que será sumamente difícil que el grueso de la población conozca en detalle la propuesta pero lo que sí se puede hacer es que todos tengan clara la esencia, los elementos estructurales de la nueva educación superior y radicalmente diferentes a los que hoy sustentan la educación en el modelo neoliberal.

d)   Dudas y preguntas frente a si es una nueva ley o una política de educación superior: Desde hace algunos meses, y más concretamente en el VII plenario de la MANE, se ha puesto en discusión si es pertinente pelear una nueva educación superior por medio de una ley o si es preferible realizar una política pública de educación superior. Al parecer resulta haber una diferencia entre ambas propuestas pero no lo es en profundidad: el pensar en una ley significa proyectar el escenario del congreso, sea una ley propuesta por congresistas, mediante iniciativa popular o desde el gobierno nacional, mientras que la política pública de educación superior puede contener varias leyes o implicar el cambios de varias, pero se encuentra principalmente en manos del gobierno, es decir de la rama ejecutiva; no obstante, esta también es una posibilidad para disputar la propuesta pero indudablemente pasaría por un escenario de diálogo, concertación o negociación con el gobierno.

Lo que sí es claro es que por el momento desde la MANE se ha avanzado en la construcción de ley, y este producto no puede desestimarse ni desaprovecharse, por lo tanto esta herramienta debe ser usada, y de decidirse avanzar en la construcción de política pública de educación superior ya se contará con un importante acumulado, al cual habrá que sumar muchos más elementos y ser concertada, a la espera de que el gobierno nacional cumpla.

e)  Persistir en la posibilidad de generar la coyuntura y el Paro Nacional: Esto debe ser prioritario, generar la coyuntura, solo con ello el movimiento estudiantil estaría avanzando políticamente más allá de lo que ha logrado en las últimas dos décadas. Pero para esto hay que tener claros los objetivos para el momento, si es la apuesta por una ley, una política o una serie de reivindicaciones y exigencias que puedan disputarse, la valoración tendrá que hacerse con cálculo pero principalmente con realismo y sensatez. De igual forma, esta decisión no puede tomarse sin la participación del grueso del estudiantado reunido en las asambleas de las instituciones educativas.

Lo que no puede perderse es la posibilidad de retomar la lucha y comenzar con iniciativa este nuevo período, ya que de lo contrario, tal como lo ha expresado el gobierno nacional, para el próximo año estaría presentando una propuesta de política pública de educación superior y ello conllevaría muy posiblemente un escenario en el que el movimiento estudiantil y la MANE saldrían a responder, es decir, nuevamente a reaccionar ante el adversario.

Hoy más que nunca la posibilidad de agenciar un Paro Nacional de la Educación Superior puede ser una gran contribución a la lucha por los cambios sociales en el país, además de poner otro tema en el debate nacional, la Educación del Pueblo, y ejercer el apoyo y solidaridad con los demás sectores que se encuentran movilizados. Es por ello que si el momento es favorable debemos aprestarnos a la acción política y a la disputa para parar la educación neoliberal, romper los grilles que cierran la posibilidad de que los colombianos nos eduquemos libremente y de nuevo abrir las puertas a la posibilidad de conquistar una educación pública que aporte a las transformaciones sociales que nuestro país necesita.


La MANE: pasado, presente y futuro (II)


II. APORTES Y AVANCES DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL CON LA MANE

El 1, 2 y 3 de junio de éste año se realizó el VII plenario de la MANE en la Universidad de Antioquia, siendo, tal vez, uno de los plenarios más importantes en esta corta y reciente pero continua historia que ha venido recorriendo el movimiento estudiantil.

Durante estos tres días se realizaron los debates finales entorno al grueso de la propuesta de educación superior, así como también se abordaron temas organizativos y proyecciones tácticas para el segundo semestre del año en curso, determinadas principalmente por la legitimación y disputa del proyecto de ley alternativa.

De una u otra forma en esta sesión se ajustaron y cristalizaron los avances del trabajo programático desarrollado en el último año y medio[1], trabajo arduo que implicó la realización de reuniones periódicas, foros, seminarios, comisiones académicas, encuentros estudiantiles, así como el primer encuentro social y popular. Estos encuentros de carácter nacional permitieron darle continuidad a la elaboración de la propuesta de forma unificada, y se nutrieron a su vez de los insumos generados en los espacios de construcción local que a la par se iban desarrollando.

En todo este proceso se contó con apoyo permanente de profesores de distintas universidades, los cuales por su misma experiencia y compromiso en la defensa de la educación superior ya contaban con insumos y propuestas para aportar a la construcción. Sin embargo, es necesario clarificar que, a pesar de la importancia que tiene la edificación de la nueva Ley Alternativa, la participación estudiantil durante este tiempo fue mucho más baja que durante las movilizaciones que lograron parar la reforma gubernamental, lo cual analizo desde dos puntos: primero, que a partir de la decisión de bajar el paro (en noviembre de 2011), un sector del estudiantado desestimó la posibilidad de que el proceso fuera a continuar y a avanzar en la conquista de una nueva educación, posición que recogía un gran nivel de radicalidad, pero también era sumamente reivindicativa ya que proponían que el gobierno efectuase pequeños cambios para amortiguar la profunda crisis de la educación superior; y segundo, en continuidad de lo anterior, se generó cierta incertidumbre sobre la MANE y comenzó a cuestionarse hasta qué punto ésta era/es un escenario abierto a la participación de todos los estudiantes, debido a que en los debates era evidente que diversas fuerzas políticas estudiantiles (representadas en organizaciones de carácter nacional) hacían/hacen grandes esfuerzos por imponer sus visiones, lo que conllevó –pudiendo ser aún vigente– la pérdida de cierta parte de la base social y el reconocimiento de la MANE dentro del estudiantado.

No obstante, es de precisar que los niveles de la discusión frente a una propuesta de educación superior son desnivelados entre procesos organizativos que cuentan con acumulados programáticos y propuestas para el cambio de la educación superior, y la comunidad estudiantil en general, en algunos casos despolitizada y sin propuestas claras, con un alto compromiso para la movilización y el rechazo a una propuesta, pero con grandes vacíos y pocas expectativas para emprender una labor de construcción, a mediano plazo, de una nueva ley de educación superior.

Sin embargo, aún con todas la dificultades internas, con los obstáculos que interponía el gobierno, y los medios de comunicación que han tratado de desacreditar el proceso, hoy puede decirse que la MANE ha cumplido su tarea y que para este año 2013 ha finiquitado el proceso de discusión y elaboración de su principal herramienta para la lucha social y política: una propuesta de Ley Alternativa de Educación Superior.

Desde finales de 2011 hasta lo que va corrido de 2013 la MANE ha trasegado por los inicios de su existencia en la vida pública nacional como principal actor político nacional articulador del estudiantado, de igual forma, en este tiempo han emergido apuestas de articulación local y regional que son muestra de la perspectiva de desarrollo del proceso y que fortalecen los procesos de lucha por una nueva educación superior. Podríamos caracterizar este tiempo, como un período de latencia en el movimiento estudiantil, asumiendo que en la construcción y desarrollo de los movimientos sociales, hay momentos de irrupción en la escena pública y de álgida movilización en la coyuntura, así como momentos de latencia, donde pareciera que el movimiento desaparece, pero lo que sucede es que hay una dinámica con menor visibilización pública en la que se construye y fortalece el proceso en la búsqueda de un accionar más poderoso a corto o mediano plazo, normalmente se asocia con un mayor relacionamiento hacia adentro del movimiento.

A continuación mencionaré, de forma concisa, algunos elementos que pueden entenderse como aportes y avances del movimiento estudiantil en este período de articulación mediante la MANE:

a)   Acierto y triunfo en la coyuntura de 2011: Podríamos decir que desde sectores organizados del estudiantado hubo una lectura acertada del escenario de disputa frente a la reforma a la Ley 30, lo cual propicio la creación de la MANE y permitió afrontar la coyuntura de forma inteligente y con acumulados, a lo cual vale la pena agregar el ánimo unitario y la voluntad de articulación de distintos sectores. Fue notorio el hecho de que hubiese dos puntos claros para la coyuntura (rechazo de la reforma gubernamental y apuesta de construcción democrática de una nueva ley) que, viabilizados mediante una movilización permanente, unificada, amplia e innovadora, permitió poner al gobierno contra la pared y arrancar un valioso triunfo para el sector estudiantil y universitario, así como para el movimiento social y popular colombiano.

Valga la pena resaltar el desarrollo de movilizaciones coloridas, alegres, creativas, que facilitaron la participación de una gran parte de la comunidad educativa y permitió ganar en credibilidad y aceptación frente a la población colombiana.

b)   Construcción programática: Sin lugar a dudas uno de los principales soportes de este procesos unitario como lo es la MANE ha sido la construcción programática entorno a los 6 puntos del programa mínimo, que suponen la definición de unos mínimos comunes para la acción política, sin desconectarse de lo reivindicativo, además que estos son puntos cardinales para pensarse una nueva educación.

Durante este tiempo han sido amplios y diversos los escenarios de discusión y articulación de  propuestas, tanto en instituciones, a nivel local-regional y en escenarios nacionales, también es necesario mencionar que se ha pasado por fuertes y nutritivos debates ya que en un principio (debido a la misma base social del proceso) primaba una visión fundamentada en una apuesta de nueva universidad pública, a lo cual se fue anexando y complementando distintos aspectos atinentes a universidades privadas y a instituciones técnicas y tecnológicas, logrando con ello avanzar en la constitución de una propuesta de educación superior en su conjunto y no fragmentando el debate entre universidades e ITT´s o entre instituciones públicas y privadas.

c)    Más allá del movimiento estudiantil universitario: Tal vez uno de los elementos más nuevos en la constitución del movimiento en este tiempo ha sido el hecho de que no sólo haya participación de estudiantes de instituciones públicas como ha sucedido normalmente, sino que para el caso de la MANE nos encontramos con una importante participación de estudiantes de instituciones privadas (obviamente no mayor a la de estudiantes de instituciones públicas), que han nutrido el debate y ampliado el marco de la discusión, además que ha permitido, como es también el caso en el movimiento estudiantil chileno, asumir que la lucha por una educación pública no se restringe a la comunidad estudiantil de instituciones públicas, sino al grueso de la juventud y el estudiantado, así como a la población colombiana en general. De igual forma el movimiento se ha diversificado aún más con la participación de estudiantes de distintas instituciones técnicas y tecnológicas y con la presencia de estudiantes del SENA; esto, aún pudiendo representar la necesidad de mayores debates, ha nutrido y potenciado el proceso de la MANE.

d)   El alcance nacional y el proceso articulador permanente: Luego de algunos intentos en años anteriores, cuando se trabajó en la constitución de una coordinadora nacional estudiantil universitaria[2], la MANE consigue ser la experiencia con mayores logros en la construcción de un proceso nacional que pueda darle conducción unificada al movimiento estudiantil colombiano, además que ha permitido desarrollar un proceso de articulación permanente a partir de la realización de encuentros nacionales plenarios, organizativos, programáticos, académicos, de comunicaciones, y asumiendo también que en diversas instituciones educativas y localidades se ha avanzado positivamente en la creación de escenarios de coordinación, principalmente entre procesos organizativos del estudiantado. Esta característica de construcción nacional es fundamental cuando el adversario de una lucha social se encuentra representado de igual forma por una instancia nacional, es claramente un logro que debe fortalecerse en la perspectiva de seguir teniendo una importante figuración en el escenario político alrededor de un proyecto de nación.

No obstante, es preciso mencionar que no se ha logrado constituir a la MANE como un referente organizativo para el común del estudiantado, y en ciertos momentos se ha generado desacreditación porque se observa el espacio como un escenario de hegemonía de las organizaciones estudiantiles nacionales. Así mismo, en el momento que se definió elegir voceros nacionales, aún siendo necesario hacerlo, se optó por llevarlo a cabo mediante un ejercicio que no reconocía la diversidad del estudiantado y la participación de todas las regiones, lo cual conllevó una gran expresión de centralismo (bogotano) y una pelea conversada/consensuada entre las organizaciones nacionales por los puestos de vocería[3].

Por último, resulta importante mencionar que hay diversas discusiones por delante, como es el caso de si la MANE continúa siendo una espacio articulador de organizaciones estudiantiles o si se define como la posible organización unitaria de los estudiantes de la educación superior en Colombia, lo cual es un debate de importantes dimensiones y que puede definir, en cierta medida, el futuro del proceso.

e)   Del movimiento estudiantil al movimiento por la educación: Aún cuando la lucha contra la reforma gubernamental y todo el proceso de construcción de la propuesta de ley alternativa ha estado sustentada en el sector estudiantil, no es posible desconocer que para que el triunfo en el 2011 hubiese sido posible y tuviera el impacto que tuvo fue primordial extender la discusión más allá de las instituciones educativas, se requirió construir estrategias para visibilizar públicamente el proceso y ganar simpatías de la población colombiana ante la lucha que se desarrollaba.

Por otra parte, de forma acertada, la MANE optó por definir que la lucha por una nueva educación se enmarca en la construcción de un país con soberanía, democracia y paz, ensanchando con ello el marco de referencia, de una lucha netamente reivindicativa-sectorial a pensarla con un alcance político y transformador (mediante pequeños cambios como lo es una posible nueva ley). Esto se ha visto representado en el llamado a realizar escenarios denominados “Encuentro Social y Popular” que tienen el objetivo de trascender de la idea de que debe ser el movimiento estudiantil el único actor, para pasar a una idea en la que el movimiento estudiantil es actor protagónico pero se convoca a la construcción de movimiento por la educación donde confluyan estudiantes, docentes, trabajadores, jóvenes, padres, madres, indígenas, campesinos, afrodescendientes, etc, es decir convocando a que los sectores populares en su conjunto hagan suya la lucha por una nueva educación superior.

f)     Apuesta por la construcción de coyuntura: Finalmente, el que la MANE asumiera la construcción de una propuesta alternativa de ley, permitió dar un salto en la posibilidad de superar el histórico coyunturalismo y el ejercicio reaccionario, para avanzar hacia escenarios en el que la disputa política pueda contar con elementos como la propuesta y la iniciativa política por parte del movimiento, así como la posibilidad de contar con todo un acumulado que sustente la lucha y la realización de posibles acciones de hecho que produzcan nuevamente la irrupción del estudiantado en la escena pública, esta vez con el objetivo de construir una coyuntura en la cual se pueda disputar y ganar una nueva educación para tod@s l@s colombian@s. No obstante, siendo este el principal avance del proceso, este punto aún está en perspectiva, ya que dependiendo de lo que se desarrolle en este semestre es que sabremos si el movimiento maduró y asumió el profundo reto de ser un actor con agenda y proyectos propios, que no depende ni pone a depender su acción de las formas de accionar y de los tiempos de su adversario, el gobierno nacional.




[1] Esto se encuentra en el Documento de consensos políticos de la MANE, junio de 2013, y en las versiones de borrador de ley.
[2] Este proceso remite a los años 2003 - 2005.
[3] Estas decisiones se tomaron en el Comité Operativo llevado a cabo en la Ciudad de Manizales en marzo de 2012.

La MANE: pasado, presente y futuro (I)


Ya está próxima a cumplir dos años una de las experiencias más importantes de las últimas décadas en los procesos de articulación de los sectores sociales en Colombia. Estamos hablando de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil –MANE–, gran conquista del movimiento estudiantil colombiano, y hoy día uno de los principales ejemplos de unidad ante los demás sectores y movimientos sociales y populares del país.

I. MOMENTOS DE UNA HISTORIA

Era el año 2010 cuando nuevamente se daban cita diferentes expresiones organizadas del estudiantado universitario en la ciudad de Manizales[1]. Luego de algunos años de intermitencia e incapacidad para avanzar en la articulación de los estudiantes frente a puntos comunes para disputar una nueva educación, se renovaba la posibilidad de tejer caminos conjuntos, que no estuviesen determinados estrictamente por las diversas coyunturas, de carácter local-regional o nacional.

Fue en este encuentro en el que se sentaron las primeras bases de lo que en el transcurso del año 2011 se iría consolidando como MANE y que en medio de la lucha social y de la confrontación al modelo y a las medidas a implementar por el gobierno nacional, se convertiría en un ejemplo de la posibilidad de alcanzar victorias, así fuesen pequeñas.

En el primer semestre de 2011 se llevó a cabo un nuevo encuentro en la ciudad de Bogotá, fue a partir de este que se convoca al primer plenario de la MANE, concibiendo esta como el escenario de articulación del estudiantado a nivel nacional, pero siendo en su creación, principalmente, la articulación de algunas de las diversas fuerzas políticas estudiantiles del país, primordialmente aquellas con alcance nacional.

En agosto del mismo año se realizó el 1er plenario y allí se construyeron los elementos del llamado Programa Mínimo de los Estudiantes[2], ejercicio efectuado también como reivindicación del cumplimiento de los 40 años del programa mínimo de los estudiantes disputado en 1971 y que tuvo una gran relevancia en dicho período. Este programa mínimo buscaba ser la fórmula para definir unos elementos comunes que permitieran dar la pelea contra el gobierno nacional en pro de una nueva educación pública, autónoma, democrática, crítica, etc, es decir la construcción programática y el sustento político del proceso.

Todo esto se había venido realizando propiciado por la posibilidad de que el gobierno nacional implementara una reforma a la educación superior y a partir de la voluntad de las organizaciones estudiantiles de aunar esfuerzos en la lucha del sector. La apuesta gubernamental se vislumbraba a partir de la reforma a solo unos cuantos artículos de la ley 30 propuesta en 2010, cambios que estaban centrados en materia de financiación.

Para principios del 2011 el gobierno había avanzado en la construcción de una propuesta de reforma que versaba sobre muchos más puntos que la financiación, mientras el movimiento estudiantil moldeaba la creación de la MANE, estableciendo puntos claros y radicales de ruptura con respecto a la propuesta y analizando las principales contradicciones y efectos que generaría la reforma respecto a la garantía del derecho a la educación para l@s colombian@s.

Era evidente que la propuesta se enmarcaba en la profundización del proyecto neoliberal y que encarnaba el paso de la desfinanciación y autofinanciación de las universidades públicas hacia su privatización vía establecimiento de alianzas público-privadas además de la imposición del ánimo de lucro en las instituciones. Era la búsqueda de que el Estado se desprendiera de sus funciones y dejara la educación en manos del mercado, además de muchos otros cambios que se planteaban.[3]

Luego de un importante proceso de agitación en universidades públicas y privadas del país[4], se logra acumular cierta fuerza en el estudiantado acompañada de una gran legitimidad en términos de las reivindicaciones. El movimiento decide entonces avanzar en la actividad movilizadora para poner en la opinión pública el debate sobre la reforma a la educación superior, dejando muy en claro que se rechazaba la propuesta de reforma del gobierno nacional, pero reconociendo la necesidad de realizar una reforma de carácter democrática y que permitiera que en Colombia la existencia de la educación superior pública fuese un hecho, y el acceso una realidad para tod@s.

La movilización fue creciendo de forma inesperada por parte del mismo gobierno y hasta del movimiento, se logró una capacidad de acción no vista en muchos años y con avances y nuevas formas de recrear la movilización social, además de puntos muy claros para la coyuntura: rechazo de la reforma y apuesta de construcción de una ley alternativa. Con base en estos puntos se proyectó la realización del Paro Nacional Universitario, que luego de largas y difíciles discusiones de carácter táctico, se estableció como mecanismo a adoptar en el momento que el gobierno nacional oficializara la propuesta de reforma ante el congreso de la república.

En la segunda semana de octubre del 2011 se hace oficial el proyecto de ley y a partir de allí se desencadena un paro nacional universitario de una gran magnitud[5] y que no solo contó con la participación del sector estudiantil, sino que tuvo apoyo de profesores y trabajadores, y logro contar con gran legitimidad en la opinión pública, inclusive con el reconocimiento de analistas, expertos, artistas, etc, hasta llevar a que los mismos partidos de la Unidad Nacional “reconocieran” la necesidad de desertar en la empresa de aprobar dicha reforma gubernamental.

Es así como en noviembre, en medio de grandes tensiones y discusiones al interior del movimiento, pero con una gran presión sobre el ejecutivo, el presidente Santos decide disponerse a retirar la reforma con el condicionante de bajar el paro. Con profundas diferencias al interior de la MANE frente a la decisión a tomar y luego de largos y tediosos debates se define que los estudiantes empeñábamos nuestra palabra y comienza a bajarse el paro en las universidades luego de las debidas asambleas estudiantiles en cada una de las instituciones.

El gobierno nacional asume su derrota y retira la propuesta de reforma, mientras el movimiento estudiantil celebra una victoria que no se veía desde varios años atrás[6] y que vislumbraba un horizonte de lucha interesante y tal vez positivo. No obstante, el paro había logrado parar la reforma pero quedaba en entredicho que el gobierno nacional fuese a facilitar la construcción de la ley alternativa de educación superior con la que la MANE se había comprometido ante la sociedad colombiana. Esa sería su nueva prioridad y su principal reto para el período a transitar.




[1] Ver Documentos del Encuentro Nacional de Estudiantes Universitarios: http://upublicaresiste.blogspot.com/2010/04/encuentro-nacional-de-estudiantes_7665.html
[2] Ver Declaración y conclusiones del 1er plenario de la MANE: http://upublicaresiste.blogspot.com/2011/09/declaracion-y-conclusiones-de-la-mane-y.html
[3] Para ampliar: Contra Reforma Educativa en Colombia, Renán Vega Cantor. https://docs.google.com/file/d/0B_7QYGmOh2PkTWpuVEJCVDN4a0E/edit?pli=1
[4] En algunas universidades ya venía realizándose movilización y protesta frente a conflictos propios de cada institución.
[5] En algunas universidades ya habían entrado a paro y trataban de presionar y posicionar la idea de que se debía entrar a paro inmediatamente, sin importar si la propuesta de reforma del gobierno se oficializaba en el congreso.
[6] Podría decirse que el triunfo nacional más cercano del movimiento fue en el 2007 cuando se tumbo la propuesta de pasivo pensional que venía incluida en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010 del gobierno Uribe. Sin embargo en este caso el conflicto era “menor” y la movilización social no tuvo tal magnitud a la del 2011.

Convocatoria Revista “Escrítica” No. 1

“ESCRÍTICA”
Revista del grupo de trabajo y estudio Palenke

El grupo de estudio y trabajo Palenke es un colectivo que surge durante el año 2010, en la Universidad Nacional de Colombia-Sede Medellín, como respuesta a la inconformidad de sus integrantes con respecto a varios aspectos de la realidad local, nacional e internacional y frente a la falta de espacios para la discusión y transformación de estas realidades en la Universidad Pública.

La propuesta de este colectivo se lleva a cabo mediante la apertura de escenarios de discusión acerca de diferentes temáticas, así como el desarrollo de un proyecto comunicativo que incluye tanto la actualización periódica del blog como la realización del boletín “Escrítica”, que durante sus cuatro números intentó generar análisis rigurosos de la realidad en que vivimos. Con este trabajo pretendemos abrir nuevamente esos espacios de crítica propositiva que con el paso del tiempo se han ido perdiendo, y que son esenciales para una formación integral. Pretendemos ser críticos, propositivos y estar en una constante búsqueda de alternativas que contribuyan a nuestra formación personal y profesional y a la creación de una academia distinta, que permita la gestación de otro mundo posible.

Como parte de este proyecto, y ante la dificultad de generar análisis lo suficientemente amplios en el formato del boletín, surge la iniciativa de la revista “Escrítica”, con la cual igualmente buscamos generar espacios de reflexión y análisis crítico donde se publiquen artículos de diferente índole (ensayos, crónicas, poemas, cuentos, caricaturas, etc.) que tengan concordancia con la temática propuesta, si existe una  delimitación del tema para la edición en cuestión.

La periodicidad de la revista será semestral, dándose publicación en el primer mes de cada semestre académico de la Universidad Nacional.

La revista estará a cargo del colectivo Palenke, quien conformará el comité editorial y estará encargado de la selección y edición de textos. Los parámetros mínimos para el envío de  artículos son los siguientes:

- Extensión de entre 3 y 6 páginas
- Interlineado 1,5
- Fuente: Calibri 12

Las secciones de la revista son:

¿Ciencia (a) política?: Artículos que hagan referencia al área de la ciencia política.
En los campus: Artículos referentes a la problemática universitaria.
Entre montañas: Artículos sobre la problemática de la ciudad de Medellín o Antioquia.
¿Qué pasa en casa?: Artículos referentes a la realidad nacional.
Más allá de las fronteras: Artículos que analicen contextos internacionales.
Reconstruyendo la otra historia: Artículos que aborden acontecimientos históricos desde perspectivas críticas.
Letras de resistencia: Todas aquellas expresiones que desde el arte de las letras muestren su posición crítica (cuentos, poemas, crónicas, etc).
Caricaturas.



Convocatoria Revista “ESCRÍTICA” No. 1

Estamos invitando a personas y colectivos interesados en publicar en la primera edición de la Revista Escrítica a enviarnos sus artículos antes del 9 de agosto al correo escriticaun@gmail.com.

Para esta edición no habrá una temática definida así que recibiremos todo tipo de artículos que serán revisados por el colectivo y obtendrán una respuesta la semana siguiente.

Paz y Guerra: Nadies y Soldados

Manuel Humberto Restrepo Domínguez


La guerra tiende a convertir a los humanos en instrumentos de odio, de venganza. Su objetivo se orienta a destruir el cuerpo, la conciencia, la voluntad. La guerra crea por sobre toda regla el derecho a matar que prevalece sobre todos los demás. La guerra rompe el tejido social, la confianza en el otro, las bases de la convivencia, el afecto, la solidaridad. La guerra impone mecanismos asociados a la trampa, a la astucia, a la simbiosis del ser doble (uno en sus deseos y palabras y otro en sus acciones). La guerra es la mejor apuesta de quienes concentran la riqueza y a través de ella imponen una cultura política y unos modos de vivir bajo la estética del terror. En la guerra, las leyes son usadas como herramientas para silenciar, subordinar, someter, aplacar, amenazar, controlar y eliminar adversarios políticos. Con los beneficios de la guerra se queda la clase social en el poder y con sus residuos, es decir muertos, lisiados, afectados en general, banderas de héroes manchadas de hipocresía y necesidades sin garantías para satisfacerlas, se queda la otra clase, la que el capital y su máquina de muerte ha venido convirtiendo en nadie, en la clase de los nadies. La guerra facilita el traslado del capital dedicado al gasto social hacia las cuentas bancarias de los que la vitorean y alientan, pero no van a los campos de batalla ni envían a sus hijos a padecerla, cuantos más vitores de guerra mayor acumulación de poder y capital, más mercados y más humillaciones.

La guerra hace que la vida vaya más de prisa. Hace que los padres entierren a sus hijos y una vez convertidos en víctimas sigan el curso de la degradación humana. Quienes sobreviven a la guerra quedan condenados a la nueva esclavitud de explotados. Son convertidos en mercancías que producen otras mercancías. Los desplazados por la globalización y su maquinaria de guerra son obligados a huir, a cambiar 20 horas de desgaste –infrahumano- por una ración de comida hacinados en barcos que salen de un lugar fletados con algodón y fibras y llegan a su destino con prendas de vestir elaboradas, o en garajes, en subterráneos, en cárceles convertidas en centros de producción privada. Es la nueva esclavitud de unas víctimas de las guerras que buscan una oportunidad para escapar de la miseria y tan solo sobrevivir mejor en algún lugar en el que puedan caminar en la luz del día, sin esconderse, ser otra vez alguien.

Víctimas de la misma lógica de guerra, son los millones de inmigrantes, de desplazados, de cuerpos sin vida que abundan en fosas comunes, de mutilados que esconden su tragedia para evitar ser revictimizados, muchos de ellos son las víctimas de las intervenciones de la OTAN, del sionismo y de los mariners que ofrecen Paz, derechos y libertad al paso de sus tanques y misiles. Son también los millones de jóvenes despojados que se rebelan, que crean redes de indignados, de Nadies, que suman y multiplican voces contra el perverso sistema de poder en manos de una elite trasnacional que se duplica en lo local. El sueño de derechos para los explotados hay que lucharlo en el día a día, en cada lugar, en todo instante, en colectivo, con las herramientas útiles en cada contexto. No hay derechos para siempre, ni justicias imparciales, no hay derechos para los nadies. El presente lo viven a su antojo los explotadores que con la guerra alimentan la desigualdad y alientan la muerte.

El sistema amontona a sus víctimas, las pone en espera para explotarlas aunque sea por un día, por unas horas, luego los empuja a sobrevivir, a ser capturados por las redes de la guerra, allí podrá convertirlos en legales, ilegales, desaparecerlos o matarlos. En Colombia, la clase social por fuera del control del estado y del capital, ha sido convertida en extranjera de su propio país, no cuenta, no es visible, es negada, es olvidada, no hace parte de la misma patria por la que sus hijos han sido condenados a la muerte. Las mayorías solo aparecen para el Estado en papeles, en documentos, en normas, pero no en la realidad material. Los nadies fueron expropiados del catálogo de derechos por ellos conquistados y con ese mismo catalogo son condenados al destierro, a la muerte.

Las mayorías convertidas en nadies, son llamados, conminados, obligados a ser el sustento material de la guerra. A ellos se les educa y encarga para matar o morir con “fe en la causa”, que finalmente no es otra que la causa del capital en pocas manos. La guerra es ofrecida como una oportunidad de empleo, es estimulada desde adentro del estado que la promociona y vende como la gran oportunidad de tener destino, de ser alguien, de tener derechos y patente de libertad para hacer del asesinato del otro su propio derecho. Algunos van a ejércitos rebeldes, otros a mafias conducidas por los responsables políticos del estado, otros serán sencillamente soldados. Son parte de los mismos nadies, que matan o mueren por la fe en la causa, convierten su vida, su cuerpo y su mente en instrumentos de muerte. El estado ofrece la ilusión de que el soldado podrá ser más grande de lo que es en sí mismo, ofrece hacerlo parte de un lugar, de una familia, de una historia, lo anima a ser un instrumentos de muerte, le ofrece una bandera, un escudo, un himno, una consigna, un uniforme, un arma.

La lógica para permanecer como soldado es la obediencia, la sumisión, el honor, la lealtad a su verdugo que oficia de superior. El sometimiento le garantiza la existencia, hay que aferrase a las órdenes de sus superiores sin discusión, se acata en silencio. Se obedecen las órdenes sin importar lo estúpidas o criminales que puedan ser, el superior es el referente para ser alguien, el decide por la vida del soldado, le traza su destino, el superior es un auténtico nazi, que predica que un militar se entrega a la patria, muere por ella, aunque la patria y el capital se conjuguen en las cuentas bancarias de los poderosos. La patria es el territorio y el arma la garantía para dejar de ser nadie. El miedo es la herramienta de obediencia, es la parte de la política de terror instalado en el soldado. El superior se encarga de crearlo, de hacerlo sentir orgulloso. A través del miedo se le borran al soldado los límites de lo correcto o lo incorrecto, lo legal o lo ilegal, lo justo y lo injusto. El miedo incapacita a la conciencia del soldado, le elimina la voluntad propia, lo lleva a matar. El superior modela al enemigo en la dimensión que le sea útil a los intereses de los poderosos, califica la peligrosidad de aquel al que pretende combatir, el soldado solo escucha, obedece, dispara, mata. Los análisis de resultados, son asunto de los superiores que los presentarán a los dueños del capital y del poder, ya no hablaran de muerte, de destrucción, si no de positivos, la sangre de los nadies –de los soldados o civiles- son cifras sin historia, sin memoria, sin tiempo, solo cifras que los dueños del capital convierten en nuevos positivos económicos.

Muchos soldados tienen más miedo a sus superiores que a sus adversarios en el campo de batalla. A los superiores se les teme y se les adula. Los soldados prefieren morir y ser héroes que enfrentarse a sus superiores. Matar destruye al que muere y al que mata, cada muerte derrota dos mundos, trastorna la mente del asesino, pero eso no le importa al superior que según su deseo expone la vida del soldado, la cambia por medallas, por ascensos, por recompensas. La vida del soldado está bajo plena disposición del superior, las ordenes hay que cumplirlas, hay que matar o morir por una orden, unos se aferran a un escapulario, una virgen, un santo, para cumplir la tarea de matar, afuera un superior calificará su actuación. Matar al enemigo fue convertido en un derecho del soldado y en una obligación del estado. El superior es el administrador de ese absurdo derecho, él puede convertir al soldado otra vez en nadie, en basura y a la vida del enemigo simplemente en nada.


P.D. La paz de Colombia no se hace renovando las alianzas de la muerte. No aporta a la paz alistar nuevos soldados. El Estado tiene que desarticular la máquina de muerte. El fuero militar no es una herramienta de Paz, es contrario a ella, es una garantía de impunidad, ratifica el derecho a matar. No aporta señalar que “Israel tiene mucho de lo que Colombia necesita”: Asesoría militar para ajustar los aprendizajes del derecho a matar. No alienta tampoco decir que la OTAN necesita mucho de lo que el ejército de Colombia sabe hacer: ¿Matar o enseñar a hacerlo?. Es hora de renunciar al mercado libre de comprar guerras y vender mercenarios.

¿Hasta cuándo?


Ya estoy harto de escuchar soluciones ineficaces que no llevan a nada, de leer como los medios expresan cínicamente que se aproxima una crisis carcelaria, cuando desde muchos años atrás es obvio que estamos en ella, y que hasta apenas dos semanas atrás se declaró por parte del gobierno nacional una emergencia carcelaria por motivo de hacinamiento; estoy harto de la criminalización, del por motivos políticos, del que roba porque tiene hambre, del que vende cd’s piratas porque tiene que buscar la manera de sobrevivir. Estoy más que cansado, de ver como desde el gobierno de este país, que la aquejan un sinfín de problemas, solo se propone construir más cárceles, encerrar más gente, construir más cárceles, encerrar más gente, construir más cárceles, encerrar más gente…

No hace falta ser ningún erudito en materia penal, ni un discípulo ferviente de Michael Foucault, para darse cuenta que la estrategia no sirve. Que el encierro no resocializa, y menos en las condiciones en las que se encierra en este país. Que la construcción de cárceles no va a solucionar el problema, que en el último decenio se construyeron más 10 de cárceles, en los sitios más recónditos de este país, para solucionar un problema de hacinamiento, pero ¡oh sorpresa! Al día de hoy este ronda por el 53% en todo el país, llegando a casos extremos del 200%, caso Bellavista.

Y aunque no creo en el discurso de la resocialización, pues es doblemoralista y no ofrece muchos argumentos, supondré que el encierro sirve para dicho fin. Ahora bien, ¿cuál es la mejor manera de hacerlo? Tal vez el alejar a los presos a cientos de kilómetros de sus familias sea lo más adecuado, donde no te puedan visitar nunca y donde ni por casualidad llegan las cartas. O mejor, someter a alguien a dormir en los baños y pasillos, en una jaula de 2x2 metros con otras cinco, seis, siete, ene, personas… O comer en horas atípicas, comidas atípicas. O quizá una ayuda psicológica irreal, un acompañamiento inexistente, un corte con cualquier tipo de vínculo y/o relación social. Las propuestas que ofrece la política criminal colombiana son muchas y diversas, ahora bien ¿Sirven, resocializan?

Ni sirven, ni resocializan, y dejan la dignidad de los presos por el piso. Porque además, ¿a qué tipo de sociedad saldrán nuevamente los presos cuando recuperen su libertad? A la del egoísmo, a la de la explotación, a la del silencio, a la del individualismo; a la que acepta ciegamente las propuestas punitivas del Estado, que anchan la definición de criminal, que aumentan las penas, que no estudia las raíces de los delitos (que el mismo define y juzga), que propone soluciones insulsas a problemas reales…

Mientras no se cambie la perspectiva de la política criminal de este país la situación poco cambiará. La propuesta de reforma al Código Penitenciario y Carcelario, según las miradas críticas, poco o nada ofrece en términos reales a la solución de los problemas carcelarios, y por el contrario busca abrir puertas a terceros (PRIVADOS) para continuar con la construcción de centros de reclusión (además de los servicios que estos ya prestan, así sea de manera perversa, como alimentación, salud, entre otros) que al cabo de unos años, se llenarán, y se recontrahacinarán. Ya que este más que demostrado que la privatización de las cárceles es rentable, produce ganancias gigantescas, y además desprende de su labor al Estado, y esas, claro está, son las perspectivas del Estado colombiano

Así que si de verdad se quiere cambiar la situación, hay que cambiar la perspectiva, dar un vuelco a la actual política criminal, a las ansias de privatización, a la violación de derechos al interior de los centro de reclusión, y poner el tema en un debate amplio, donde quepan otras miradas y la de los presos y sus familiares, que son quienes viven la situación.

Sobre fusiones y privatizaciones

Foto tomada de www.portafolio.co

El pasado 10 de mayo en horas de la madrugada se tomó en el Concejo de Medellín una decisión trascendental: la fusión de UNE EPM Telecomunicaciones con Millicom, una multinacional sueca que ya tiene su propia historia en el país. Este evento causó una fuerte controversia no solo en el Concejo sino en toda la ciudadanía, y no es para menos, pues este no es el primer caso en que una empresa pública rentable a cargo del Estado, se fusiona con una multinacional.

Un caso bien conocido y poco recordado por muchos, es la fusión en 2006 de Telecom, la empresa de telecomunicaciones de Colombia con Telefónica de España. Fusión que por nombre tomó Telefónica Colombia. La maniobra se desarrolló con el objetivo de extender la plataforma de servicios de la compañía colombiana, ya que esta solo contaba con los servicios de telefonía fija y a larga distancia. El argumento del momento consistía en que era necesario hacerse de un socio estratégico ya posicionado, que pudiese asumir el pasivo pensional de la empresa y cuya experiencia multiplicaría las ganancias para la nación.

El resultado, al contrario de lo que argüían quienes estaban a favor, fue la multiplicación de pérdidas en una alianza donde el Estado era la parte minoritaria y sin embargo asumía los costos; mientras el consorcio extranjero obtuvo cuantiosos beneficios de cuenta de la estructura y plataforma de Telecom al utilizarla para fortalecer las operaciones de Movistar en Colombia, además de los beneficios fiscales que representa la figura de una empresa mixta.

Este mal negocio para el país, pareció desconocer la fortaleza de la estructura y plataforma de Telecom para posicionarse en nuevas áreas del mercado de telecomunicaciones. Lo que da a pensar, es que en realidad el propósito nunca fue el fortalecimiento del bien público, sino dar entrada a una multinacional con todos los beneficios, usufructuándose del patrimonio público.

Ahora bien, la administración de Aníbal Gaviria da continuidad al proceso de aparente privatización de EPM iniciado por la alcandía de Sergio Fajardo en 2005, con la separación de UNE Telecomunicaciones de EPM. Se crea entonces, una nueva empresa de carácter privado con fondos públicos, bajo la forma de empresa industrial y comercial del Estado, que más allá de permitir la inversión privada por acciones evade la figura de rendición de cuentas. UNE Telecomunicaciones,  desde entonces sufre pérdidas operacionales y adolece de una mala administración de sueldos exorbitantes, que se mueve entre las ambivalencias que le permite su régimen, acudiendo al estatuto público o privado de acuerdo a su conveniencia.

Juan Esteban de la Calle, gerente general del grupo EPM, se basa en las debilidades operacionales de UNE, pujando por la fusión estratégica con Millicom por partes iguales. El resultado sería la conservación de la razón social de la empresa, mientras que la multinacional asume los cargos administrativos más importantes y en general la administración de la empresa. Hoy, como en la fusión de Telecom y Telefónica, la empresa del Estado, está bien posicionada y no representa pérdidas, lo que nos lleva a preguntarnos cuál sería la verdadera razón por la que se llevaría a cabo este proceso.

Es preocupante que la empresa que se hace pasar por el “salvavidas preventivo” de UNE, es en realidad una empresa que actualmente le adeuda a la misma UNE  180 mil millones por la compra de las acciones, la mitad más uno, de Ola, hoy Tigo. Esto sin contar que aún las utilidades que genera Colombia móvil Tigo no han sido repartidas entre sus socios, UNE y ETB. Resulta curioso que en “la ciudad más innovadora”, no se demuestre pericia para buscar las mejores oportunidades de hacer un negocio rentable para la ciudad, o que se considere que la mejor forma de proteger el patrimonio público sea entregándola a una multinacional extranjera, según las palabras de Marc Eichmann Perret, presidente de UNE, “lo que estamos haciendo es buscar un buen marido a la hija para que tengan buenos nietos”.

Al igual que en el caso de Telecom y Telefónica, el patrimonio público de la ciudad puede correr el riesgo de convertirse en el trampolín que saque a Millicom del atolladero, al ser la pista de despegue que permita el fortalecimiento de sus operaciones en Colombia. Al mismo tiempo que UNE, de la misma forma que le ocurrió a Telecom, empiece a reportar pérdidas bajo la administración del nuevo socio por lo cual se haría justificable la venta y privatización total de la empresa, pero para esta operación es necesaria una recapitalización de la misma,  lo cual incurriría en un desangre de las finanzas públicas en pro del capital privado. Así, una vez las empresas del Estado se convierten en facilitadoras para la inversión y los negocios de consorcios internacionales; por lo cual no es de extrañar que ciertos políticos y funcionarios enfilen esfuerzos para que la propiedad pública se adquiera a bajo costo y se explote por encima del interés público.

Las jugadas políticas y administrativas de este tipo profundizan el modelo de expoliación y usurpación de los recursos naturales y los bienes de la nación que representan algún tipo de transferencia para el país y los entes territoriales. Ahondado en la desigualdad social que es fuente del conflicto político, social y armado.

Lo anterior es una clara transgresión de la soberanía nacional al entregar fuentes de ingreso directo nacional a multinacionales, que lo único que buscan es el lucro propio sin importar las necesidades de la gente, un claro ejemplo de esto son las altas tarifas de telefonía móvil en un mercado dominado por actores privados extranjeros. Se alimenta entonces, un modelo económico basado en la exclusión del grueso de la población colombiana que no es participe de las rentables fusiones. Por esto no deja de ser irónico el hecho de que mientras se habla de paz y postconflicto se profundice en modelos de expropiación de la riqueza nacional, riqueza de todos, en pro de los intereses de las grandes empresas.

¿LAS PACES?: Análisis de apuestas de Paz


El conflicto social, político y armado en el país ha sido la cotidianidad para cientos de comunidades y territorios en el transcurso de las últimas seis décadas, durante todos estos años la consigna de la paz ha sido enarbolada por miles de movimientos y organizaciones, sociales y populares, así como por la insurgencia y los gobiernos de turno. No obstante, la idea de PAZ es aún muy distante entre estos actores, de hecho es difícil definirla pero lo que sí es absolutamente claro es que todos queremos vivir en un mundo, en un país, en una ciudad, en un barrio… en paz.

Teniendo en cuenta que hoy la negociación de los actores armados es nuevamente una realidad y que la búsqueda de la solución política continua siendo una reivindicación bastante pertinente para el país, es oportuno realizar una breve reflexión sobre las distintas visiones y caminos hacia la paz que se logran apreciar.

Hay una comprensión de la paz como lo contrario al conflicto armado, es decir, una concepción que parte de que para lograr una Colombia en paz simplemente se requiere detener la confrontación armada en todo el territorio nacional. Esta visión desconoce el carácter social y político del conflicto colombiano, y por lo mismo las raíces estructurales del alzamiento armado de una parte de la población colombiana que se ha organizado en grupos guerrilleros. Podríamos decir que esta visión de paz corresponde preferentemente a sectores de la élite económica y política del país, de derecha, y que principalmente ha sido expresa en el discurso y la práctica gubernamental y como política de Estado.

Dicha lógica se sustenta bajo la premisa de que el Estado y sus instituciones son la representación política del pueblo y la nación, y que este es el único con la potestad de hacer uso de la fuerza, lo que se conoce como el supuesto “monopolio legítimo de la fuerza”, y por ende debe recobrar esta capacidad que le disputa la insurgencia. No obstante es ridículo y contradictorio saber que quienes han sostenido dicha tesis han acudido y acuden a formas extralegales y para estatales para el logro del objetivo.

Bajo esta comprensión se ubican dos caminos para lograr la paz: a) que se dialogue/negocie con la insurgencia en la búsqueda de acuerdos que conlleven su desmovilización (desarme y reinserción) y que suelen estar acompañados de promesas de cambio en materia social y posibilidad de acción política –dependiendo de la negociación– pero que no son garantía de seguridad en un país donde hay actividad paramilitar y antisubversiva permanente (así sea de baja intensidad); y b) el camino de la profundización de la guerra, con el objetivo del triunfo militar, es decir, la aniquilación del “enemigo” reconociéndosele o no su carácter político. En lo concerniente a las posturas de los últimos gobiernos colombianos, podría decirse que del 2002 al 2010 se optó por el camino b, y del 2010 al 2013 viene transitándose por el camino a, y lo planteo así no porque se venga negociando desde el comienzo del santísimo gobierno, sino porque desde su decir, además de las llaves de la casa de Nariño este aristócrata “se consiguió” las llaves de la paz, elementos permanentes en su discurso desde que se posicionó y que hoy día se han traducido en la “disposición” para entablar diálogos con las FARC-EP y posiblemente con el ELN, pero sin dar muestra de tal voluntad de paz en el campo social y económico.

Por otra parte, la insurgencia ha tenido diversas apuestas acorde a los propósitos y visión de cada organización, pero todas ellas han confluido y confluyen en que la comprensión del conflicto armado pasa por entender y reconocer la existencia del conflicto social y político. Es por ello que definen la Paz no simplemente como fin de la guerra sino como la posibilidad de gestar cambios sociales y políticos, atinentes principalmente a las razones concretas que conllevaron su alzamiento y la estructuración de sus programas (mínimos y máximos).

En el discurso de las guerrillas es permanente la reivindicación de que ellas mismas son pueblo y que su razón de lucha se asienta en la posibilidad de conquistar una mejor vida para las mayorías, planteamiento sobre el cual no ahondaré, pero es claro que existen ciertos matices en la comprensión de cómo se camina a la Paz, lo cual trataré de expresar. En el caso actual, tanto las FARC-EP como el ELN apuestan por la construcción de Paz en el país, y para ello reconocen que es fundamental la solución política al conflicto, no obstante optan o parecen hacerlo por caminos un tanto diferentes. Las FARC-EP están en la Habana, desarrollando un proceso de conversaciones sobre 5 puntos a partir de los cuales buscan llegar a un acuerdo con el gobierno, y son los dos primeros puntos –agrario y participación política– los que en cierta medida pueden definir el éxito o no del proceso, y frente a los cuales parece que no hay grandes obstáculos. Asimismo, durante lo que va del proceso, las FARC han llamado continuamente a que el espacio se abra a la participación efectiva de la “sociedad civil”, sin embargo ello no ha sucedido y lo más posible es que no suceda, por lo cual se definieron formas de “participación” no directa y sin capacidad de decisión, como han sido los foros organizados por la ONU y el Centro de Pensamiento para la Paz de la UNAL, tanto el que trato sobre lo agrario como el de participación política.

Por otra parte, desde que Santos habló de las llaves de la Paz el ELN ha emitido comunicados expresando su voluntad para transitar a la solución política del conflicto y avanzar en la construcción de Paz, empero hoy día esta organización aún no ha logrado entablar con el gobierno un proceso de conversación (o tan siquiera no se ha hecho público), y lo más posible es que se estén desarrollando acercamientos. La cuestión es que existe un gran atolladero con esta organización, que desde los 90 habla de que su apuesta de Paz está condicionada a que el pueblo participe efectivamente del proceso, además que su discurso de defensa de la soberanía nacional y de los recursos naturales puede ser un obstáculo en posibles diálogos, ya que son opuestos al marco del modelo de desarrollo que se implementa y que parece no haber voluntad para ser discutido por parte del gobierno.

Observando que las conversaciones en la Habana entre Gobierno y FARC van por buen camino, habrá que esperar qué sucede con el ELN, lo que sí es claro es que un proceso verdadero de solución política al conflicto armado y de construcción de paz requiere del diálogo con todas las expresiones insurgentes.

Finalmente, desde diversos movimientos y organizaciones sociales y populares se ha mantenido firmemente una postura sobre la Paz. Esta posición parte del reconocimiento de que es necesario e ineludible parar la guerra, ya que han sido las organizaciones y movimientos los más afectados por la misma. Es en ellos sobre quienes ha recaído gran parte de la acción paramilitar y el terrorismo de Estado, así como han sido afectados o ultimados por la insurgencia en ciertos momentos. La organización social y popular aparece entonces, como un tercer actor de la guerra, que no tiene armas pero que está profundamente ligado al conflicto social y político en el país, y que siempre ha terminado siendo la mortadela del sánduche del conflicto armado.

Es por esto que la Paz para los movimientos sociales y populares tiene como presupuesto fundamental el parar la guerra, sin embargo, para hablar de Paz, su propuesta está condicionada a transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas en Colombia, proceso que se debe constituir a partir de la participación popular directa y que debe materializarse en las regiones, en los territorios en concreto. Aludiendo a los principales elementos políticos que han puesto en la opinión pública los movimientos que se han venido posicionando en los últimos años: la Paz es Vida Digna y Justicia Social y la construyen los pueblos mediante la movilización permanente.

Es irónico que este actor, que nunca decaído en dicha posición, que es quien está en medio de la guerra sin tener armas, ha sido el menos tenido en cuenta y de hecho el por siempre excluido de los llamados procesos de paz. Lo cual lleva a pensar y a dejar en pregunta si bajo el paradigma de la realpolitik, que parece primar en Colombia: ¿para hablar de paz es necesario tener armas?