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El movimiento estudiantil y su papel en la construcción de paz


Identidad Estudiantil U de A - Oficina Estudiantil UN
Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes
que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil.
Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas,
pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático.
Manifiesto de Córdoba - 1918
El documento que se presenta a continuación fue construido en el marco de las V Jornadas Universitarias “Construyendo Universidad Popular”, en las que Identidad Estudiantil de la U de A, y la Oficina Estudiantil de la UN nos hemos articulado para abrir espacios de debate crítico y propositivo en los escenarios universitarios de la ciudad.
A partir de diversas lecturas y discusiones entre los dos procesos hemos construido la ponencia “El movimiento estudiantil y su papel en la construcción de paz” la cual hemos dividido en tres partes. En primera instancia señalaremos unas breves nociones generales sobre lo que se entiende por paz (desde diferentes posturas), además del contexto en el que se encuentra el país respecto a ella y los actores que consideramos deben ser partícipes de la misma. Posteriormente daremos unos visos de lo que consideramos es la educación haciendo énfasis en el papel que desarrolla en el espacio universitario y posteriormente terminaremos con los diferentes avances que desde el movimiento estudiantil se han dado respecto a la construcción de paz en el país.
¿Qué es eso de la Paz?
Como bien sabemos, la coyuntura del país desde hace aproximadamente un año se enmarca en el proceso de la mesa de negociación. Así, desde la declaración abierta del inicio de los diálogos oficiales del gobierno con las FARC para la terminación del conflicto, todos hablan de paz: el gobierno, las guerrillas, los medios de comunicación, las organizaciones sociales, los académicos e intelectuales… El país se ha puesto en sintonía de ella, sin embargo, muchas y muy diversas son las miradas acerca del tema, y vale entonces preguntarse ¿qué se entiende por paz y qué por conflicto? ¿Quiénes son los actores que participan en esta paz? ¿El fin del conflicto armado, necesariamente significa la consecución de la paz? ¿Paz con justicia social o Paz por medio de la justicia social? Entre otras que se irán desglosando a lo largo de la exposición de las presentes ideas.
Para entrar en ideas concretas acerca de lo que puede ser la paz, nos hemos basado en la cartilla “El conflicto sociopolítico colombiano y la construcción de paz transformadora y participativa”, realizada por el investigador Esteban Ramos, y promovida por una gran cantidad de organizaciones sociales de todo el país como el CNA, Fedeagromisbol, la ACIN, Paz con Dignidad, entre otras. Dicha cartilla propone cuatro tipos de paz que presentaremos a continuación y que se pueden dar, a través de la guerra, de las negociaciones, o de la participación activa del movimiento social.
En primer lugar, la idea de que exista una victoria militar por parte del gobierno es una idea que excita a unos pocos, pero que aún sigue viva, no solo en las posturas oficialistas, sino en una parte de los sectores económicos del país, así, encontraríamos el primer tipo de paz, que es “la paz que desea el gobierno”, en donde no existe negociación, ni desmovilización, ni cambios en los sistemas político y económico, y en donde la guerra se culmina a través de una derrota militar de las insurgencias, que facilita, claro esta, la perpetuación de un modelo político, económico y social excluyente y al servicio de los grandes capitales.
El segundo tipo de paz propuesto es la paz negativa. En este escenario se plantea la inminente necesidad de parar el conflicto armado, sin embargo, en el análisis, este se encuentra separado del conflicto social, político y económico. Se desconocen entonces las causas estructurales del conflicto, y no se postulan cambios en el sistema político que sigue siendo totalmente legítimo. Además de ello, se considera que la sociedad civil está representada en el Estado.
En tercera instancia se encuentra la paz positiva, en la que la sociedad civil (organizaciones sociales, gremios económicos, iglesia) es un actor diferenciado del Estado a la hora de una negociación. Así se reconoce su importancia y con ella la posibilidad de transformar algunas cuestiones estructurales del sistema político y económico.
Por último se encuentra lo que la cartilla propone como paz transformadora, que a diferencia de las anteriores considera la paz como un proceso y no como un resultado. En esa medida toman vital importancia la discusión de los modelos político y económico excluyentes y la transformación de estos. Además, el pueblo organizado es un actor prioritario ya que es el encargado de construir modelos convivenciales en los cuales se promueva el buen vivir desde los territorios.
En este sentido diferentes organizaciones sociales y populares a lo largo y ancho del país se han venido agrupando para materializar la paz transformadora que han venido construyendo desde sus territorios. La idea de articular procesos a nivel nacional, es de suma importancia a la hora de realizar cambios estructurales en todo el país, y es aquí donde procesos como Marcha Patriótica o Congreso de los Pueblos adquieren relevancia.
Como parte activa de los actores que se han dado a la tarea de construir perspectivas transformadoras y participativas en torno a la paz, está el estudiantado colombiano, que a pesar de sus diferencias ha tratado de encaminar procesos por la construcción de paz en el país. Así, los estudiantes se han manifestado básicamente a través de la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) y por medio de la participación en diferentes plataformas como las ya mencionadas anteriormente. Este, es el punto central de la ponencia, y para desarrollarlo, antes se arrojarán algunos aspectos claves en torno a la educación y su papel en la sociedad.
La Educación y los campos de combate
La educación entendida como práctica social se ha caracterizado por ser un proceso mediante el cual se reproducen un conjunto de normas y valores establecidas, que finalmente son las que van a permitir la permanencia y consolidación del status quo. Así la educación se ha institucionalizado y oficializado, a través de escuelas, colegios, centros de educación superior, además de las familias e iglesia (religión), principales instituciones encargadas de la educación.
Además de lo que podríamos considerar como perspectivas dominantes o hegemónicas en la educación, al interior de esta se han gestado también perspectivas críticas, que, al decir de Estanislao Zuleta, proponen la educación como un campo de combate, y que confrontan las posturas oficialistas, con posturas liberadoras, que no buscan la reproducción de los valores y normas establecidas. Así, vemos en la educación, por su carácter socializador, un campo para la lucha de ideas, y un pilar fundamental para procesos de transformación social por la posibilidad de construir patrones éticos y culturales totalmente distintos.
La discusión sin duda alguna se complejiza cuando hablamos del espacio universitario, ya que, este ha sido entendido como un espacio fundamental en la construcción de conocimiento, acorde con las necesidades de la sociedad. Ha sido por historia el escenario crítico, y en parte rebelde (recordar los estudiantes de Córdoba), donde se han gestado diversidad de movimientos de oposición y de proposición. Es así, como entendemos la importancia que tienen los espacios universitarios en la disputa por el conocimiento ya que para los que detentan el poder, la universidad es un espacio valioso que genera intelectuales que pocas soluciones dan a los problemas reales de la sociedad. En relación a esto el Frente Popular Dario Santillan plantea que “la universidad es un trinchera fundamental en esta lucha. Entendemos la importancia de cuestionar y criticar el conocimiento que la universidad produce, el tipo de profesionales que forma, y los intereses y necesidades a los que esta institución responde, para avanzar en la disputa ideológica y en la lucha por una universidad orientada a satisfacer la necesidades del pueblo; y problematizar acerca de la socialización del conocimiento y del rol de una universidad restrictiva en este proceso”.
Lo anterior marca un precedente importante, y es entonces el papel que juega la educación y en este caso la universidad en la solución a las problemáticas que aquejan a la sociedad de la que esta hace parte, aunque no seria solo esto, es el preguntarnos también por el papel que han jugado los sujetos que habitan los campos universitarios en la solución a estos problemas, ya que la institución universidad, tiene muy claro el rol que desempeña en la sociedad pero otro son los intereses que puedan tener las personas que integran dicha institución.
Como parte de este contexto de una universidad (o por lo menos parte de los que le dan vida: estudiantes, profesores, trabajadores) se han ido constituyendo diferentes perspectivas respecto a la paz y su transformación. Es así como a continuación veremos las diferentes apuestas que ha tenido el movimiento estudiantil en el último tiempo, que a pesar de no ser homogéneo en sus postulados y actuaciones, ha tratado de articular a través de su trabajo sectorial, y en diversas plataformas, diferentes apuestas por la paz.
El movimiento estudiantil en la construcción de paz
Como es bien sabido, en Colombia se han librado diversos procesos de negociación entre gobiernos y grupos armados, los cuales han intentado por diversos medios parar la guerra que se vive en el país y buscar caminos para conseguir la paz; sin embargo, estos procesos se han visto truncados por los intereses de cada uno de los actores que han sido partícipes de los mismos.
Haciendo una revisión histórica rápida, encontramos que dentro de los actores que han intentado tal hazaña se encuentran lógicamente los hacedores de la guerra, ya sean militares, paramilitares o guerrilla, pues han sido estos los que han buscado por diversos medios acabar con la guerra, ya sea por la derrota total del enemigo o por una salida negociada al conflicto.  Sin embargo, no han sido los únicos actores que han intentado hacer parte de esta trágica comedia de la realidad colombiana, dado que otros sectores de la sociedad en especial los sectores populares y las organizaciones sociales han caminado históricamente en busca de la paz con justicia social, ahora bien el movimiento estudiantil no se escapa de este fenómeno y ha procurado hacer parte de estos procesos.
Es así como el movimiento estudiantil se ha convertido en un actor más en la búsqueda de la paz en Colombia y más que en la búsqueda de la paz en la construcción de un país con vida digna, pues al voltear la mirada hacia atrás e intentar hacer una retrospectiva del mismo, ubicamos unas tendencias en su quehacer político, que nos permitirán demostrar cómo dicho actor no solo ha protestado por lo que a su sector concierne, sino que ha puesto su voz de protesta en otros aspectos.
Como primer elemento esta el acción-reacción, es decir, los y las estudiantes de Colombia históricamente hemos desarrollado nuestras protestas en respuesta a la represión estatal, o a medidas adoptadas por el gobierno, medidas que pocas veces tienen que ver con la educación superior, por ejemplo, los PND. Esta característica del movimiento estudiantil, evidencia que el inconformismo, como rechazo al orden establecido ha estado, y se ha mantenido a través de su historia.  
Como segundo elemento estaría entonces el trabajo hacia afuera del sector o intersectorial como le suelen llamar en el mundo de la política. Esta característica del estudiante ha sido una tendencia histórica en su desarrollo como actor político, pues en diversas ocasiones de la historia del país los y las estudiantes han desbordado su trabajo estudiantil para dedicarse al trabajo con comunidades organizadas intentado poner en diálogo los diversos saberes que allí se encuentran para unir fuerzas que permitan mayores cambios en la sociedad colombiana, aunque este no ha sido el único interés del estudiantado colombiano, pues habría que mencionar que el movimiento estudiantil ha intentado organizar políticamente sectores oprimidos de la sociedad para que asuman un papel protagónico en la transformación del país.
Como tercer y último elemento estaría entonces el trabajo propiamente estudiantil o sectorial, pues  esta es la principal  característica del movimiento estudiantil, la lucha por el conocimiento, ya sea por el acceso a este o por intentar que se pueda realizar una real socialización del mismo.
Aquí podría surgir la pregunta de para que nos sirve esta categorización, ante lo cual planteamos que el objetivo central es evidenciar cómo el movimiento estudiantil ha desarrollado un trabajo que se escapa de la defensa de la educación misma y ha buscado por diversos medios la transformación no solo de la forma como ésta se estructura en el país, sino las causas estructurales que asi la han mantenido, es decir, ubicar el problema no solo en el papel que juega la educación en la sociedad sino a quién o a quienés beneficia la forma como esta se imparte.
Ahora bien no ha sido solo el movimiento estudiantil quien desde su quehacer como sector ha intentado buscar la paz para Colombia, dado que profesores, estudiantes de secundaria y diferentes organizaciones constructoras de una educación liberadora  lo han intentado por igual, así que hay momentos en los que haremos referencia al sector educativo como un actor que ha levantado su puño y ha alzado su voz exigiendo justicia social.
Después de mirar ciertas características del movimiento estudiantil tendríamos que abordar el presente del mismo, y desarrollar cuales son sus perspectivas en este proceso de negociación al conflicto social, político y armado y de paso sus desarrollos sobre la paz que necesita el país.
La MANE, como la última expresión organizativa del estudiantado colombiano ha venido desarrollando aportes a la búsqueda de la paz en el país, pues en sus desarrollos o intentos de construir una ley alternativa de educación superior, ha planteado unos argumentos que intentan develar cómo el conflicto social, político y armado tiene cabida en los espacios académicos, y no solo ubicar los problemas de la educación, sino como la educación puede contribuir a la construcción de una país con soberanía, democracia y paz.
Para abordar el tema del movimiento estudiantil y su perspectiva de paz, se nos hace necesario retomar algunos elementos que se han arrojado en distintos documentos que han salido de la Mane, antes de entrar en los detalles habría que mencionar que hoy día la MANE, demuestra con sus actos y discusiones que el manifiesto de Córdoba sigue vigente casi 100 años después, pues la discusión por autonomía y democracia universitaria ha tomado mucha fuerza últimamente en las universidades del país y más con la militarización que se ha hecho de las mismas.
En relación con lo dicho anteriormente, la autonomía universitaria es uno de los puntos que más relación tiene con la negociación al conflicto armado, aunque este punto puede ser muy general y engloba bastantes elementos problemáticos, se ha venido planteando la  desmilitarización de los campus universitarios, dado que la única solución que el gobierno encuentra a las problemáticas que viven las universidades es reprimiendo a los y las estudiantes, y las administraciones o los entes que gobiernan las universidades no han tenido la valentía de poner su voz de rechazo ante esta situación demostrando una vez más cuales son sus intereses.
Por otra parte la MANE ha manifestado su oposición a las políticas guerreristas del actual gobierno (que como vimos en la primer parte de esta ponencia, prioriza la solución militar del conflicto armado), manifestándose en contra del alto presupuesto que se le destina anualmente a la guerra, y haciendo una fuerte crítica del poco, que se le destina a la educación, ya sea para su funcionamiento anual, o para ayudar a subsanar el déficit de más de 11 billones con el que cuentan las universidades públicas del país.
En esto la MANE y otros sectores sociales han sido muy insistentes, en que el presupuesto que necesita la educación está en la guerra, pues mientras un estudiante le cuesta al estado 8 millones de pesos un soldado puede estar valiendo 21 millones de pesos, esto solo por poner un ejemplo, ya que el solo traje que porta un agente del ESMAD cuesta $ 3,600.000 aproximadamente mientras que las políticas de bienestar estudiantil son cada día más precarias, y mientras el déficit económico de la universidades es de 11,2 billones de pesos el gobierno destina para la guerra 26,1 billones de pesos.
Además de esto, la MANE también ha manifestado la necesidad del respeto por la movilización, no solo como sector estudiantil, sino también de otros sectores. Pues claro esta que el gobierno sale a hablar de paz, a la vez que reprime la movilización, criminaliza la oposición, judicializa sus líderes, entre otras medidas que son asumidas como estrategias para contener el avance del movimiento social. Dado esto, el movimiento estudiantil se ha manifestado en contra de las estrategias del gobierno, y se ha pronunciado a favor del respeto a la movilización como una verdadera garantía para la construcción de paz en el país.
Con lo anterior, no pretendemos en ningún momento hacer una apología del movimiento estudiantil colombiano, sobre el cual, tenemos diversidad de críticas, y que, asumiendo nuestro papel como activistas hemos planteado, y trabajado para tratar de dar trámite a esos aspectos que son obstáculos en la construcción como un movimiento unido y fuerte.
En este sentido, tenemos muy claro que al interior de la MANE, existen diferentes tensiones que han limitado el papel activo del movimiento estudiantil como un sujeto constructor de paz. Pocas han sido las discusiones que se han abordado en concreto de este tema, su caracterización es limitada (más allá de proponerse como un concflicto integral, social, político y armado), y no hemos avanzado en como ser partícipes en concreto. Esto tal vez se deba al eterno sectarismo, que claro esta, no solo se da en las esferas del movimiento estudiantil colombiano, sino en gran parte del movimiento social colombiano, y sumado a esto, las diversidad en las lecturas e intereses, la priorización de otras discusiones como la de construcción de ley, y la falta de pensarnos y desarrollar espacios en concreto para discutir el tema de la paz.
Como se mencionó anteriormente la MANE o el movimiento estudiantil no son los únicos actores en este proceso, pues hay otras organizaciones que también desarrollan su trabajo desde lo educativo que se han sumado a esta labor. Es el caso del congreso educativo de los pueblos que busca la articulacion de los diversos procesos y personas que ven en la educación una herramienta más para la construcción de un país con vida digna.
Desde este proceso que surgió como un mandato de la instalación del congreso de los pueblos se plantea que:
“Los fines de la educación colombiana están dirigidos a profundizar los valores que el modelo económico ha infundido, a resaltarse principalmente el Individualismo, el egoísmo, la competencia que se reflejan principalmente en las normas que regulan la educación básica, media, la educación superior. Los decretos que regulan la actividad docente, las evaluaciones de competencias, las limitaciones para el acceso a la educación en todos sus niveles, los arreglos de los planes académicos para las distintas instituciones educativas, permiten entrever, que nuestra educación lejos de ser un derecho, es un bien disputado por quienes la defienden y entre quienes han comandado la guerra en Colombia”.
De este proceso poca gente sabe de su existencia y  ha sido difícil su corto caminar, pero aun así, uno de sus encuentros, denominado educación para la paz, arrojó elementos esenciales para la comprension de la paz y la consecución de esta por medio de la educación. Pues si la paz es vivir dignamente, la educación juega un papel fundamental en este proceso y no es precisamente la alfabetización o adquisición de un diploma que nos permita ascender en la escala social, por el contrario es la posibilidad de ver en la educación como práctica social soluciones reales a muchos conflictos que atraviesa el pais, pues es ilogico solucionar un conflicto armado cuando nos estan educando para la guerra, cuando la competencia es una de las características principales del modelo educativo colombiano, cuando el egoísmo y el individualismo priman en las aulas de la clase y más aún cuando la exclusión social se hace manifiesta.
Si bien desde el congreso educativo se intenta consolidar un movimiento por la educación que pueda pelear por los derechos que en esa materia se nos han negado, es también la posibilidad de mandatar una propuesta educativa para el país, es la posibilidad de pensar que educación necesitamos para construir esos hombres y esas mujeres que van a forjar un país con vida digna.
Así pues que la perspectiva del movimiento estudiantil y del sector educativo en relación con la construcción de paz, no ha estado guiada por la necesidad de estar en una mesa de negociación, sino que por el contrario ha sido más la posibilidad de plantear elementos esenciales a tener en cuenta en la construcción de una paz con justicia social.
Solo queda por decir que:
Nuestra paz, es la paz con cambios! La paz es acceso a los servicios públicos de manera gratuita, paz es salud y vivienda, paz es soberanía y autonomía nacional, paz es educación para todos y todas.

Octubre 2013

Represión a la protesta social: Una política de Estado

Por: Escrítica
Fotografías: Yojan Valencia


La ola de protestas que se vive actualmente en el país ha tenido varios protagonistas. En primer lugar se encuentran los manifestantes: campesinos, mineros, transportadores, estudiantes, pobladores urbanos, entre muchos otros, que han salido a las calles, bien para defender sus justas reivindicaciones, o en apoyo y solidaridad a las de otros sectores.
Por otro lado está el gobierno nacional, quien al principio del paro salió en cabeza del presidente Santos a negarlo todo, a decir que “el tal paro nacional agrario no existe”[i]. Posterior a esto, y ante la obviedad de la situación, ese mismo gobierno intentaba instalar mesas de negociación con los distintos sectores en paro, mientras reprimía de la manera más violenta y cruenta a los manifestantes “inexistentes”.
En medio de esta relación, y como “persuasor” de desbloqueos, se encuentra el Escuadrón Móvil Anti Disturbios de la Policía Nacional, quien desde su fundación en 1999 actúa supuestamente para “Apoyar al Departamento de Policía en la prevención y control de multitudes, con personal altamente capacitado en manejo y conciliación de masas, en la protección de los Derechos Fundamentales, con el fin de restablecer el orden, la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos”[ii].


Sin embargo, aunque se mencionen términos como legalidad y respeto a los Derechos Humanos, como ha podido evidenciarse en estos últimos días, y como es bien sabido para quienes hacemos parte activa de los procesos de movilización en el país, estas palabras están presentes únicamente en el discurso y no tienen mucho que ver con las actuaciones cotidianas de esta institución.
Y es que durante estas dos semanas fueron muchas las denuncias realizadas por las actuaciones del ESMAD en todo el país, las cuales dejaron a cientos de personas heridas e incluso dejaron un trágico saldo de varios muertos, entre ellos varios menores de edad[iii].
Esta situación generó tanto revuelo en la opinión pública, que por estos días se ha iniciado un fuerte debate acerca del desmonte o no de este escuadrón[iv]. Para desarrollar esta discusión es importante tener en cuenta varias cuestiones: en primer lugar, que las violaciones a los Derechos Humanos durante este paro se han dado en distintas regiones del país, alejadas las unas de las otras; y en segundo lugar, no es la primera vez que se denuncian los vejámenes de esta institución en contra de la población manifestante, lo cual da cuenta de que este tipo de actos no refieren a abusos de autoridad por parte de algunos uniformados sino que hacen parte del accionar sistemático del ESMAD[v].
Estas dos situaciones, aunadas a las declaraciones del Ministro de Defensa, quien hace caso omiso a las peticiones de desmonte y por el contrario pretende duplicar el pie de fuerza que hace parte de este escuadrón[vi], hacen entrever que el tipo de medidas usadas por esta institución, son parte constitutiva de una política de Estado, enfocada a diezmar por cualquier medio la protesta social, pasando incluso por encima de los Derechos Humanos.
Es por todo esto, que como grupo de trabajo, abogamos no por la recomposición del ESMAD, mucho menos por su duplicación, sino por su desmonte, porque ya no queremos más víctimas como Nicolás Neira, como Oscar Salas, y como los cientos de campesinos que durante estas semanas han sido víctimas de este escuadrón de la muerte.



[iv] Este debate, empieza a permear incluso el Congreso de la República, y diferentes instancias dentro de las altas esferas del poder. Ver: http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/desde-el-congreso-proponen-eliminar-el-esmad/20130109/nota/1961740.aspx
[v] A este respecto es bastante ilustrativo el programa Contravía: “Brutalidad policial-casos ESMAD”. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=aNUDwo62ag8

La primavera de los movimientos sociales



Por: César Rodríguez Garavito

Las reacciones al para agrario muestran que los colombianos somos expertos en entender la violencia y sobrevivir en solitario silencio; pero no sabemos muy bien qué hacer, ni qué decir, ante el raro suceso de una movilización colectiva y pacífica.

La sorpresa no es sólo del Gobierno, que subestimó al movimiento campesino e intentó darle el mismo tratamiento clientelista que a los partidos. Son neófitos también muchos medios y analistas. Habituados a comentar las intrigas del Poder, con mayúscula —el predecible drama de la reelección, el último trino de Uribe, el declive de los verdes y el Polo—, olvidan que, en las democracias, la política también la hacen los protestantes, aunque su poder se escriba con minúscula.

Sólo décadas de estar hablando de violencia explican que un puñado de vándalos reciba tanta atención noticiosa como una movilización ciudadana que no se veía hace 36 años. Sólo el dominio secular de la violentología en las ciencias sociales y del análisis electoral en el periodismo y la politología explican que se analicen con menos detalle las protestas que sus repercusiones sobre la reelección y la “gobernabilidad” de Santos.

Es hora de tomar en serio a los movimientos sociales, de estudiar el poder desde abajo, tanto como se ha estudiado desde arriba. Para eso hay que echar mano de las herramientas de la sociología, porque las de la ciencia política dominante se han quedado cortas.

Así se entiende mejor la revuelta de las ruanas. ¿Por qué surgieron las protestas en este momento? Algunos se sorprenden de que los campesinos hayan salido a las carreteras justamente en medio de un gobierno que ha prometido la restitución de tierras y podría negociar el fin del conflicto armado en el campo. Pero los sociólogos saben que estas aperturas institucionales son oportunidades políticas propicias para los movimientos sociales. Precisamente porque este gobierno es menos insensible a los problemas históricos de los campesinos y porque las Farc no tienen el mismo poder de amedrentar o cooptar de antaño, la movilización es más factible. Y lo sería aún más en un contexto de posconflicto.

¿Por qué se expandió el paro? Porque los protestantes encontraron recursos efectivos para organizarse y propagar su mensaje. Como escribí en este espacio, al igual que en otras primaveras, las redes sociales ofrecen una solución al obstáculo principal para una movilización nacional: la desconexión entre los campesinos y los descontentos urbanos. La llegada del paro a las ciudades, de la mano de los videos filmados por familias boyacenses sobre los desmanes del Esmad, comprueba que las redes sociales amplifican el efecto de estrategias tradicionales como las marchas.

Lo cual nos lleva a la pregunta sobre el futuro de la movilización: ¿qué tan durable y frecuente puede ser? La respuesta depende, en buena parte, del tercer factor que resaltan los estudiosos de los movimientos sociales: la existencia de una causa y un discurso que unifiquen los diferentes descontentos. En otra columna decía que el pegante de los movimientos de indignados en Colombia podría venir de la oposición al manejo de los recursos naturales, a medida que las protestas contra la minería y las causas ambientales conectan a campesinos y jóvenes urbanos. Lo que estamos viendo en el paro agrario apunta en esta dirección y se suma a casos como los de las consultas populares contra la minería en Santurbán y Piedras (Tolima).


Los justos reclamos campesinos, que el Gobierno aún está a tiempo de atender, pueden sacar del olvido al sector agrario. Ojalá hagan lo mismo con los movimientos sociales.

Movilización social en el país: ¿panorama alentador?

Fotografía: Camilo Ríos

Las recientes movilizaciones en el país establecen un precedente en lo que a fortalecimiento y avance del movimiento social y popular refiere. Paros, huelgas, marchas, manifestaciones, pedreas, son algunas de las expresiones que han logrado ponerse en los medios de comunicación y que han sido usadas por el pueblo inconforme para reclamar lo que consideran como propio. En el siguiente texto se desarrollarán algunos puntos importantes de las recientes movilizaciones, y se señalará un posible marco donde la correlación de fuerzas se muestre como favorable para el movimiento social y popular del país.

La MANE: pasado, presente y futuro (III)


III. RETOS Y PERSPECTIVAS EN LA CONQUISTA DE UNA NUEVA EDUCACIÓN

Ha comenzado el segundo semestre y hay un ambiente de incertidumbre sobre lo que pueda suceder en el país. Estamos ante un escenario de gran movilización social y popular, las negociaciones entre las FARC-EP y el Gobierno continúan, así como se avizoran posibilidades de diálogo con el ELN, y comienza a proyectarse el escenario electoral en el 2014.

Todos estos elementos marcan profundamente la coyuntura y delinean el momento político. Son variados los ejercicios de Paro que se vienen adelantando, todos ellos agenciados por sectores populares y sustentados en reivindicaciones y exigencias muy puntuales de cada sector y otras con un mayor alcance político.

Es en este período que la MANE tendrá que demostrar si continúa siendo un actor político de relevancia en el país y si definitivamente se lanza al ruedo en la conquista de una nueva educación. El escenario es más que propicio y de una u otra forma ya se ha difundido en la opinión pública el que este semestre los estudiantes volverán a las calles, a la movilización, para reclamar un cambio que han venido construyendo.

A continuación desarrollaré algunos elementos que creo son indispensables tener en cuenta e imprescindibles desarrollar por parte de la MANE, parte de estos puntos han sido abordados en algunos momentos pero sin darle un gran desarrollo, además que aún no hay consensos frente ciertos elementos de carácter táctico y estratégico al interior del proceso:

a)  Tomar la iniciativa en la movilización social: Ha sido recurrente en la historia colombiana el hecho de que el movimiento estudiantil ha supeditado su autonomía en la acción movilizadora de acuerdo a las acciones que toman directivas universitarias, ministerio de educación y gobierno nacional. Uno de los principales retos de la MANE y del movimiento estudiantil en su conjunto es asumir la iniciativa política en la movilización social, levantando las banderas que han recogido al grueso de la comunidad educativa y que son elementos estructurales, tales como gratuidad, calidad, bienestar, autonomía, etc. La movilización debe estar cargada de creatividad y sorpresa, y debe permitir llegar a nuevos sectores así como reavivar el ambiente de lucha en las instituciones de educación superior.

b)  Reposicionar la MANE ante el estudiantado y avanzar en la articulación popular: Es evidente que luego de 2 años de haberse tumbado el proyecto de reforma gubernamental y habiéndose dedicado este último tiempo a desarrollar escenarios de debate en la construcción de la propuesta de educación superior, la MANE no es actualmente el referente que fue en 2011, es por ello que se requieren estrategias que permitan reposicionar este proceso como el escenario que puede articular la lucha del estudiantado por una nueva educación, recobrando credibilidad en las calles y con propuesta.

La movilización debe anticiparse a un escenario de disputa de una nueva educación, debe generar un ambiente propicio para confrontar al gobierno nacional, y en esa medida es vital que el movimiento no entienda la lucha por una nueva educación como algo ajeno a las demás reivindicaciones y aspiraciones del movimiento social y popular colombiano, por el contrario debe ver en esta explosión de luchas un contexto que fortalezca y potencie la construcción de un movimiento por la educación para construir un país en soberanía, democracia y paz. La articulación con los demás sectores y la proyección de acciones conjuntas mediante la participación en espacios como la Coordinación de Movimientos y Organizaciones Sociales y Políticas de Colombia debe ser una apuesta en el corto y mediano plazo.

c)  Legitimar y poner en discusión en la opinión pública la propuesta de ley alternativa: Con el grueso de la propuesta de nueva educación superior construida, se debe pasar a un momento de socialización de la misma, tanto al interior de las instituciones educativas, entre trabajadores, profesores y estudiantes, pero se debe traspasar los muros de las mismas y visibilizar la propuesta ante la población colombiana. Ganar opinión pública favorable es fundamental para lograr apoyo y con ello mayor presión sobre el Gobierno Nacional y el Congreso de la República. Esto requiere de movilización, principalmente de ideas, por lo cual se deben diseñar estrategias comunicativas efectivas, sea durante las mismas marchas, tomas culturales, o mediante escritos, videos, cuñas radiales, etc. Hay que llegar con la propuesta a todos los medios que sea posible, tanto alternativos como oficialistas.

Frente a esto es muy importante tener en cuenta que será sumamente difícil que el grueso de la población conozca en detalle la propuesta pero lo que sí se puede hacer es que todos tengan clara la esencia, los elementos estructurales de la nueva educación superior y radicalmente diferentes a los que hoy sustentan la educación en el modelo neoliberal.

d)   Dudas y preguntas frente a si es una nueva ley o una política de educación superior: Desde hace algunos meses, y más concretamente en el VII plenario de la MANE, se ha puesto en discusión si es pertinente pelear una nueva educación superior por medio de una ley o si es preferible realizar una política pública de educación superior. Al parecer resulta haber una diferencia entre ambas propuestas pero no lo es en profundidad: el pensar en una ley significa proyectar el escenario del congreso, sea una ley propuesta por congresistas, mediante iniciativa popular o desde el gobierno nacional, mientras que la política pública de educación superior puede contener varias leyes o implicar el cambios de varias, pero se encuentra principalmente en manos del gobierno, es decir de la rama ejecutiva; no obstante, esta también es una posibilidad para disputar la propuesta pero indudablemente pasaría por un escenario de diálogo, concertación o negociación con el gobierno.

Lo que sí es claro es que por el momento desde la MANE se ha avanzado en la construcción de ley, y este producto no puede desestimarse ni desaprovecharse, por lo tanto esta herramienta debe ser usada, y de decidirse avanzar en la construcción de política pública de educación superior ya se contará con un importante acumulado, al cual habrá que sumar muchos más elementos y ser concertada, a la espera de que el gobierno nacional cumpla.

e)  Persistir en la posibilidad de generar la coyuntura y el Paro Nacional: Esto debe ser prioritario, generar la coyuntura, solo con ello el movimiento estudiantil estaría avanzando políticamente más allá de lo que ha logrado en las últimas dos décadas. Pero para esto hay que tener claros los objetivos para el momento, si es la apuesta por una ley, una política o una serie de reivindicaciones y exigencias que puedan disputarse, la valoración tendrá que hacerse con cálculo pero principalmente con realismo y sensatez. De igual forma, esta decisión no puede tomarse sin la participación del grueso del estudiantado reunido en las asambleas de las instituciones educativas.

Lo que no puede perderse es la posibilidad de retomar la lucha y comenzar con iniciativa este nuevo período, ya que de lo contrario, tal como lo ha expresado el gobierno nacional, para el próximo año estaría presentando una propuesta de política pública de educación superior y ello conllevaría muy posiblemente un escenario en el que el movimiento estudiantil y la MANE saldrían a responder, es decir, nuevamente a reaccionar ante el adversario.

Hoy más que nunca la posibilidad de agenciar un Paro Nacional de la Educación Superior puede ser una gran contribución a la lucha por los cambios sociales en el país, además de poner otro tema en el debate nacional, la Educación del Pueblo, y ejercer el apoyo y solidaridad con los demás sectores que se encuentran movilizados. Es por ello que si el momento es favorable debemos aprestarnos a la acción política y a la disputa para parar la educación neoliberal, romper los grilles que cierran la posibilidad de que los colombianos nos eduquemos libremente y de nuevo abrir las puertas a la posibilidad de conquistar una educación pública que aporte a las transformaciones sociales que nuestro país necesita.


La MANE: pasado, presente y futuro (II)


II. APORTES Y AVANCES DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL CON LA MANE

El 1, 2 y 3 de junio de éste año se realizó el VII plenario de la MANE en la Universidad de Antioquia, siendo, tal vez, uno de los plenarios más importantes en esta corta y reciente pero continua historia que ha venido recorriendo el movimiento estudiantil.

Durante estos tres días se realizaron los debates finales entorno al grueso de la propuesta de educación superior, así como también se abordaron temas organizativos y proyecciones tácticas para el segundo semestre del año en curso, determinadas principalmente por la legitimación y disputa del proyecto de ley alternativa.

De una u otra forma en esta sesión se ajustaron y cristalizaron los avances del trabajo programático desarrollado en el último año y medio[1], trabajo arduo que implicó la realización de reuniones periódicas, foros, seminarios, comisiones académicas, encuentros estudiantiles, así como el primer encuentro social y popular. Estos encuentros de carácter nacional permitieron darle continuidad a la elaboración de la propuesta de forma unificada, y se nutrieron a su vez de los insumos generados en los espacios de construcción local que a la par se iban desarrollando.

En todo este proceso se contó con apoyo permanente de profesores de distintas universidades, los cuales por su misma experiencia y compromiso en la defensa de la educación superior ya contaban con insumos y propuestas para aportar a la construcción. Sin embargo, es necesario clarificar que, a pesar de la importancia que tiene la edificación de la nueva Ley Alternativa, la participación estudiantil durante este tiempo fue mucho más baja que durante las movilizaciones que lograron parar la reforma gubernamental, lo cual analizo desde dos puntos: primero, que a partir de la decisión de bajar el paro (en noviembre de 2011), un sector del estudiantado desestimó la posibilidad de que el proceso fuera a continuar y a avanzar en la conquista de una nueva educación, posición que recogía un gran nivel de radicalidad, pero también era sumamente reivindicativa ya que proponían que el gobierno efectuase pequeños cambios para amortiguar la profunda crisis de la educación superior; y segundo, en continuidad de lo anterior, se generó cierta incertidumbre sobre la MANE y comenzó a cuestionarse hasta qué punto ésta era/es un escenario abierto a la participación de todos los estudiantes, debido a que en los debates era evidente que diversas fuerzas políticas estudiantiles (representadas en organizaciones de carácter nacional) hacían/hacen grandes esfuerzos por imponer sus visiones, lo que conllevó –pudiendo ser aún vigente– la pérdida de cierta parte de la base social y el reconocimiento de la MANE dentro del estudiantado.

No obstante, es de precisar que los niveles de la discusión frente a una propuesta de educación superior son desnivelados entre procesos organizativos que cuentan con acumulados programáticos y propuestas para el cambio de la educación superior, y la comunidad estudiantil en general, en algunos casos despolitizada y sin propuestas claras, con un alto compromiso para la movilización y el rechazo a una propuesta, pero con grandes vacíos y pocas expectativas para emprender una labor de construcción, a mediano plazo, de una nueva ley de educación superior.

Sin embargo, aún con todas la dificultades internas, con los obstáculos que interponía el gobierno, y los medios de comunicación que han tratado de desacreditar el proceso, hoy puede decirse que la MANE ha cumplido su tarea y que para este año 2013 ha finiquitado el proceso de discusión y elaboración de su principal herramienta para la lucha social y política: una propuesta de Ley Alternativa de Educación Superior.

Desde finales de 2011 hasta lo que va corrido de 2013 la MANE ha trasegado por los inicios de su existencia en la vida pública nacional como principal actor político nacional articulador del estudiantado, de igual forma, en este tiempo han emergido apuestas de articulación local y regional que son muestra de la perspectiva de desarrollo del proceso y que fortalecen los procesos de lucha por una nueva educación superior. Podríamos caracterizar este tiempo, como un período de latencia en el movimiento estudiantil, asumiendo que en la construcción y desarrollo de los movimientos sociales, hay momentos de irrupción en la escena pública y de álgida movilización en la coyuntura, así como momentos de latencia, donde pareciera que el movimiento desaparece, pero lo que sucede es que hay una dinámica con menor visibilización pública en la que se construye y fortalece el proceso en la búsqueda de un accionar más poderoso a corto o mediano plazo, normalmente se asocia con un mayor relacionamiento hacia adentro del movimiento.

A continuación mencionaré, de forma concisa, algunos elementos que pueden entenderse como aportes y avances del movimiento estudiantil en este período de articulación mediante la MANE:

a)   Acierto y triunfo en la coyuntura de 2011: Podríamos decir que desde sectores organizados del estudiantado hubo una lectura acertada del escenario de disputa frente a la reforma a la Ley 30, lo cual propicio la creación de la MANE y permitió afrontar la coyuntura de forma inteligente y con acumulados, a lo cual vale la pena agregar el ánimo unitario y la voluntad de articulación de distintos sectores. Fue notorio el hecho de que hubiese dos puntos claros para la coyuntura (rechazo de la reforma gubernamental y apuesta de construcción democrática de una nueva ley) que, viabilizados mediante una movilización permanente, unificada, amplia e innovadora, permitió poner al gobierno contra la pared y arrancar un valioso triunfo para el sector estudiantil y universitario, así como para el movimiento social y popular colombiano.

Valga la pena resaltar el desarrollo de movilizaciones coloridas, alegres, creativas, que facilitaron la participación de una gran parte de la comunidad educativa y permitió ganar en credibilidad y aceptación frente a la población colombiana.

b)   Construcción programática: Sin lugar a dudas uno de los principales soportes de este procesos unitario como lo es la MANE ha sido la construcción programática entorno a los 6 puntos del programa mínimo, que suponen la definición de unos mínimos comunes para la acción política, sin desconectarse de lo reivindicativo, además que estos son puntos cardinales para pensarse una nueva educación.

Durante este tiempo han sido amplios y diversos los escenarios de discusión y articulación de  propuestas, tanto en instituciones, a nivel local-regional y en escenarios nacionales, también es necesario mencionar que se ha pasado por fuertes y nutritivos debates ya que en un principio (debido a la misma base social del proceso) primaba una visión fundamentada en una apuesta de nueva universidad pública, a lo cual se fue anexando y complementando distintos aspectos atinentes a universidades privadas y a instituciones técnicas y tecnológicas, logrando con ello avanzar en la constitución de una propuesta de educación superior en su conjunto y no fragmentando el debate entre universidades e ITT´s o entre instituciones públicas y privadas.

c)    Más allá del movimiento estudiantil universitario: Tal vez uno de los elementos más nuevos en la constitución del movimiento en este tiempo ha sido el hecho de que no sólo haya participación de estudiantes de instituciones públicas como ha sucedido normalmente, sino que para el caso de la MANE nos encontramos con una importante participación de estudiantes de instituciones privadas (obviamente no mayor a la de estudiantes de instituciones públicas), que han nutrido el debate y ampliado el marco de la discusión, además que ha permitido, como es también el caso en el movimiento estudiantil chileno, asumir que la lucha por una educación pública no se restringe a la comunidad estudiantil de instituciones públicas, sino al grueso de la juventud y el estudiantado, así como a la población colombiana en general. De igual forma el movimiento se ha diversificado aún más con la participación de estudiantes de distintas instituciones técnicas y tecnológicas y con la presencia de estudiantes del SENA; esto, aún pudiendo representar la necesidad de mayores debates, ha nutrido y potenciado el proceso de la MANE.

d)   El alcance nacional y el proceso articulador permanente: Luego de algunos intentos en años anteriores, cuando se trabajó en la constitución de una coordinadora nacional estudiantil universitaria[2], la MANE consigue ser la experiencia con mayores logros en la construcción de un proceso nacional que pueda darle conducción unificada al movimiento estudiantil colombiano, además que ha permitido desarrollar un proceso de articulación permanente a partir de la realización de encuentros nacionales plenarios, organizativos, programáticos, académicos, de comunicaciones, y asumiendo también que en diversas instituciones educativas y localidades se ha avanzado positivamente en la creación de escenarios de coordinación, principalmente entre procesos organizativos del estudiantado. Esta característica de construcción nacional es fundamental cuando el adversario de una lucha social se encuentra representado de igual forma por una instancia nacional, es claramente un logro que debe fortalecerse en la perspectiva de seguir teniendo una importante figuración en el escenario político alrededor de un proyecto de nación.

No obstante, es preciso mencionar que no se ha logrado constituir a la MANE como un referente organizativo para el común del estudiantado, y en ciertos momentos se ha generado desacreditación porque se observa el espacio como un escenario de hegemonía de las organizaciones estudiantiles nacionales. Así mismo, en el momento que se definió elegir voceros nacionales, aún siendo necesario hacerlo, se optó por llevarlo a cabo mediante un ejercicio que no reconocía la diversidad del estudiantado y la participación de todas las regiones, lo cual conllevó una gran expresión de centralismo (bogotano) y una pelea conversada/consensuada entre las organizaciones nacionales por los puestos de vocería[3].

Por último, resulta importante mencionar que hay diversas discusiones por delante, como es el caso de si la MANE continúa siendo una espacio articulador de organizaciones estudiantiles o si se define como la posible organización unitaria de los estudiantes de la educación superior en Colombia, lo cual es un debate de importantes dimensiones y que puede definir, en cierta medida, el futuro del proceso.

e)   Del movimiento estudiantil al movimiento por la educación: Aún cuando la lucha contra la reforma gubernamental y todo el proceso de construcción de la propuesta de ley alternativa ha estado sustentada en el sector estudiantil, no es posible desconocer que para que el triunfo en el 2011 hubiese sido posible y tuviera el impacto que tuvo fue primordial extender la discusión más allá de las instituciones educativas, se requirió construir estrategias para visibilizar públicamente el proceso y ganar simpatías de la población colombiana ante la lucha que se desarrollaba.

Por otra parte, de forma acertada, la MANE optó por definir que la lucha por una nueva educación se enmarca en la construcción de un país con soberanía, democracia y paz, ensanchando con ello el marco de referencia, de una lucha netamente reivindicativa-sectorial a pensarla con un alcance político y transformador (mediante pequeños cambios como lo es una posible nueva ley). Esto se ha visto representado en el llamado a realizar escenarios denominados “Encuentro Social y Popular” que tienen el objetivo de trascender de la idea de que debe ser el movimiento estudiantil el único actor, para pasar a una idea en la que el movimiento estudiantil es actor protagónico pero se convoca a la construcción de movimiento por la educación donde confluyan estudiantes, docentes, trabajadores, jóvenes, padres, madres, indígenas, campesinos, afrodescendientes, etc, es decir convocando a que los sectores populares en su conjunto hagan suya la lucha por una nueva educación superior.

f)     Apuesta por la construcción de coyuntura: Finalmente, el que la MANE asumiera la construcción de una propuesta alternativa de ley, permitió dar un salto en la posibilidad de superar el histórico coyunturalismo y el ejercicio reaccionario, para avanzar hacia escenarios en el que la disputa política pueda contar con elementos como la propuesta y la iniciativa política por parte del movimiento, así como la posibilidad de contar con todo un acumulado que sustente la lucha y la realización de posibles acciones de hecho que produzcan nuevamente la irrupción del estudiantado en la escena pública, esta vez con el objetivo de construir una coyuntura en la cual se pueda disputar y ganar una nueva educación para tod@s l@s colombian@s. No obstante, siendo este el principal avance del proceso, este punto aún está en perspectiva, ya que dependiendo de lo que se desarrolle en este semestre es que sabremos si el movimiento maduró y asumió el profundo reto de ser un actor con agenda y proyectos propios, que no depende ni pone a depender su acción de las formas de accionar y de los tiempos de su adversario, el gobierno nacional.




[1] Esto se encuentra en el Documento de consensos políticos de la MANE, junio de 2013, y en las versiones de borrador de ley.
[2] Este proceso remite a los años 2003 - 2005.
[3] Estas decisiones se tomaron en el Comité Operativo llevado a cabo en la Ciudad de Manizales en marzo de 2012.

La MANE: pasado, presente y futuro (I)


Ya está próxima a cumplir dos años una de las experiencias más importantes de las últimas décadas en los procesos de articulación de los sectores sociales en Colombia. Estamos hablando de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil –MANE–, gran conquista del movimiento estudiantil colombiano, y hoy día uno de los principales ejemplos de unidad ante los demás sectores y movimientos sociales y populares del país.

I. MOMENTOS DE UNA HISTORIA

Era el año 2010 cuando nuevamente se daban cita diferentes expresiones organizadas del estudiantado universitario en la ciudad de Manizales[1]. Luego de algunos años de intermitencia e incapacidad para avanzar en la articulación de los estudiantes frente a puntos comunes para disputar una nueva educación, se renovaba la posibilidad de tejer caminos conjuntos, que no estuviesen determinados estrictamente por las diversas coyunturas, de carácter local-regional o nacional.

Fue en este encuentro en el que se sentaron las primeras bases de lo que en el transcurso del año 2011 se iría consolidando como MANE y que en medio de la lucha social y de la confrontación al modelo y a las medidas a implementar por el gobierno nacional, se convertiría en un ejemplo de la posibilidad de alcanzar victorias, así fuesen pequeñas.

En el primer semestre de 2011 se llevó a cabo un nuevo encuentro en la ciudad de Bogotá, fue a partir de este que se convoca al primer plenario de la MANE, concibiendo esta como el escenario de articulación del estudiantado a nivel nacional, pero siendo en su creación, principalmente, la articulación de algunas de las diversas fuerzas políticas estudiantiles del país, primordialmente aquellas con alcance nacional.

En agosto del mismo año se realizó el 1er plenario y allí se construyeron los elementos del llamado Programa Mínimo de los Estudiantes[2], ejercicio efectuado también como reivindicación del cumplimiento de los 40 años del programa mínimo de los estudiantes disputado en 1971 y que tuvo una gran relevancia en dicho período. Este programa mínimo buscaba ser la fórmula para definir unos elementos comunes que permitieran dar la pelea contra el gobierno nacional en pro de una nueva educación pública, autónoma, democrática, crítica, etc, es decir la construcción programática y el sustento político del proceso.

Todo esto se había venido realizando propiciado por la posibilidad de que el gobierno nacional implementara una reforma a la educación superior y a partir de la voluntad de las organizaciones estudiantiles de aunar esfuerzos en la lucha del sector. La apuesta gubernamental se vislumbraba a partir de la reforma a solo unos cuantos artículos de la ley 30 propuesta en 2010, cambios que estaban centrados en materia de financiación.

Para principios del 2011 el gobierno había avanzado en la construcción de una propuesta de reforma que versaba sobre muchos más puntos que la financiación, mientras el movimiento estudiantil moldeaba la creación de la MANE, estableciendo puntos claros y radicales de ruptura con respecto a la propuesta y analizando las principales contradicciones y efectos que generaría la reforma respecto a la garantía del derecho a la educación para l@s colombian@s.

Era evidente que la propuesta se enmarcaba en la profundización del proyecto neoliberal y que encarnaba el paso de la desfinanciación y autofinanciación de las universidades públicas hacia su privatización vía establecimiento de alianzas público-privadas además de la imposición del ánimo de lucro en las instituciones. Era la búsqueda de que el Estado se desprendiera de sus funciones y dejara la educación en manos del mercado, además de muchos otros cambios que se planteaban.[3]

Luego de un importante proceso de agitación en universidades públicas y privadas del país[4], se logra acumular cierta fuerza en el estudiantado acompañada de una gran legitimidad en términos de las reivindicaciones. El movimiento decide entonces avanzar en la actividad movilizadora para poner en la opinión pública el debate sobre la reforma a la educación superior, dejando muy en claro que se rechazaba la propuesta de reforma del gobierno nacional, pero reconociendo la necesidad de realizar una reforma de carácter democrática y que permitiera que en Colombia la existencia de la educación superior pública fuese un hecho, y el acceso una realidad para tod@s.

La movilización fue creciendo de forma inesperada por parte del mismo gobierno y hasta del movimiento, se logró una capacidad de acción no vista en muchos años y con avances y nuevas formas de recrear la movilización social, además de puntos muy claros para la coyuntura: rechazo de la reforma y apuesta de construcción de una ley alternativa. Con base en estos puntos se proyectó la realización del Paro Nacional Universitario, que luego de largas y difíciles discusiones de carácter táctico, se estableció como mecanismo a adoptar en el momento que el gobierno nacional oficializara la propuesta de reforma ante el congreso de la república.

En la segunda semana de octubre del 2011 se hace oficial el proyecto de ley y a partir de allí se desencadena un paro nacional universitario de una gran magnitud[5] y que no solo contó con la participación del sector estudiantil, sino que tuvo apoyo de profesores y trabajadores, y logro contar con gran legitimidad en la opinión pública, inclusive con el reconocimiento de analistas, expertos, artistas, etc, hasta llevar a que los mismos partidos de la Unidad Nacional “reconocieran” la necesidad de desertar en la empresa de aprobar dicha reforma gubernamental.

Es así como en noviembre, en medio de grandes tensiones y discusiones al interior del movimiento, pero con una gran presión sobre el ejecutivo, el presidente Santos decide disponerse a retirar la reforma con el condicionante de bajar el paro. Con profundas diferencias al interior de la MANE frente a la decisión a tomar y luego de largos y tediosos debates se define que los estudiantes empeñábamos nuestra palabra y comienza a bajarse el paro en las universidades luego de las debidas asambleas estudiantiles en cada una de las instituciones.

El gobierno nacional asume su derrota y retira la propuesta de reforma, mientras el movimiento estudiantil celebra una victoria que no se veía desde varios años atrás[6] y que vislumbraba un horizonte de lucha interesante y tal vez positivo. No obstante, el paro había logrado parar la reforma pero quedaba en entredicho que el gobierno nacional fuese a facilitar la construcción de la ley alternativa de educación superior con la que la MANE se había comprometido ante la sociedad colombiana. Esa sería su nueva prioridad y su principal reto para el período a transitar.




[1] Ver Documentos del Encuentro Nacional de Estudiantes Universitarios: http://upublicaresiste.blogspot.com/2010/04/encuentro-nacional-de-estudiantes_7665.html
[2] Ver Declaración y conclusiones del 1er plenario de la MANE: http://upublicaresiste.blogspot.com/2011/09/declaracion-y-conclusiones-de-la-mane-y.html
[3] Para ampliar: Contra Reforma Educativa en Colombia, Renán Vega Cantor. https://docs.google.com/file/d/0B_7QYGmOh2PkTWpuVEJCVDN4a0E/edit?pli=1
[4] En algunas universidades ya venía realizándose movilización y protesta frente a conflictos propios de cada institución.
[5] En algunas universidades ya habían entrado a paro y trataban de presionar y posicionar la idea de que se debía entrar a paro inmediatamente, sin importar si la propuesta de reforma del gobierno se oficializaba en el congreso.
[6] Podría decirse que el triunfo nacional más cercano del movimiento fue en el 2007 cuando se tumbo la propuesta de pasivo pensional que venía incluida en el Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010 del gobierno Uribe. Sin embargo en este caso el conflicto era “menor” y la movilización social no tuvo tal magnitud a la del 2011.